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1 de mayo. Trabajo y caridad

El día primero de mayo tiene una importancia relevante en nuestra sociedad. Se celebra el llamado Día del Trabajo o Fiesta de los Trabajadores y tiene repercusiones sociales en todo el mundo. El origen de la jornada se remonta a finales del siglo XIX, en plena revolución industrial y en una ciudad de Estados Unidos. Los sindicatos de los trabajadores promueven una huelga para reivindicar unas condiciones dignas de su tarea y son reprimidos por la fuerza pública causando la muerte a algunos de los manifestantes.

He descrito un resumen muy elemental del hecho para que no se nos olvide el motivo de la celebración. Tuvo mucha repercusión en los años posteriores y se ha escrito miles de páginas analizando el desarrollo del mundo capitalista y las consecuencias en las que estuvieron malviviendo millones de trabajadores. Sus luchas lograron modificar las condiciones laborales y la propiedad de los medios de producción buscó nuevas fórmulas para garantizar el sostenimiento del capital y el valor de la fuerza del trabajo. Ha evolucionado mucho desde entonces la percepción de las relaciones entre el capital y el trabajo humano. Desde el tremendo número de horas trabajadas a diario por cada uno o la explotación infantil, tantas veces condenada, hasta las condiciones actuales en las empresas donde se habla de la dignidad de la persona y del trabajo decente Se ha dado un gran paso. Pero no está todo resuelto. Continuamente surgen nuevas formas de explotación de personas que son motivo de reflexión y de búsqueda de nuevas soluciones: los parados, los que no tienen papeles, los que carecen de subsidios, todavía el trabajo infantil en algunos países…

La Iglesia católica ha publicado muchos documentos con relación a este tema tan importante para el género humano. Desde León XIII (finales del siglo XIX) hasta el actual papa Francisco todos los pontífices han abordado esta cuestión dedicando muchas páginas a presentar los fundamentos del pensamiento cristiano ante las ideologías y movimientos sociales de los últimos siglos explicando las palabras de Jesucristo en cuanto al valor central del ser humano, como hijo de Dios y creado a su imagen por su gracia e inmenso amor. También sobre las relaciones humanas basadas en la filiación divina y en la fraternidad. Se ocupó también el Concilio Vaticano II (1962-65) en la Constitución La Iglesia en el mundo actual. A principios de este siglo, recogiendo todo lo anterior y facilitando una buena lectura y comprensión para esta compleja cuestión, se publicó un COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA que ofrece una visión amplia de las preocupaciones, de las actitudes y de las acciones que los católicos deben asumir como propias porque nacen de los mismos textos de los evangelios. En este sentido cabe recordar la importancia de instituciones de Iglesia que han desarrollado una inmensa labor en el mundo cooperativo y en la atención a marginados, sin techo o con condiciones de vida excesivamente precarias; también a los ancianos que viven en soledad, a los huérfanos abandonados o a las mujeres maltratadas.

Desde luego no existen recetas sencillas para problemas complejos. La iglesia ofrece lo esencial de la doctrina de Jesús, la caridad. En ese sentido el papa Benedicto nos recuerda en su encíclica Dios es amor lo siguiente: “Desde el s. XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia” (Núm 26). En varios capítulos responde el Papa a esta objeción con claridad y contundencia. Termino con una referencia cercana. Es el libro del director de Cáritas, Rafael Allepuz, Persones i treball, (1921) que recoge admirablemente la doctrina que enseña la Iglesia sobre la persona, el trabajo, el ideario cristiano sobre estas cuestiones.

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