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Orgullosos de nuestra fe

La participación en el Sínodo de los Obispos está haciendo experimentar con especial fuerza la mutua interioridad entre la Iglesia universal y la Iglesia particular o Diócesis. La Asamblea sinodal, convocada por el Papa, que ha congregado en Roma a centenares de participantes, hace visible a la Iglesia universal en cada una de las Iglesias locales y cada una de éstas experimenta su pertenencia a la Iglesia universal. En cada Iglesia particular acontece la una, santa católica y apostólica.

Es una singular belleza la de la Iglesia, particular y universal, que peregrina en lugares y culturas concretas, lo que la permite ser “un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Como nos dice el lema de campaña de la Jornada de la Iglesia diocesana, podemos estar “orgullosos de nuestra fe” y de lo que hoy puede aportar al mundo en el que vivimos.

Este humilde orgullo se reduciría a mundana vanagloria si no nos impulsa a encarnar la comunión y misión que la Iglesia es y está llamada a profundizar y acrecentar. Esto hemos de hacerlo cada uno de los bautizados en nuestra Iglesia diocesana. La Jornada que celebramos el Domingo día 12 de noviembre trata de avivar nuestra conciencia de bautizados, miembros del Pueblo de Dios en la sociedad vallisoletana, con todas sus consecuencias.

Formamos parte de una comunión que ha de concretarse en compartir la nueva vida en Cristo, poner en común los carismas, dones y vocación que el Espíritu Santo alienta en nosotros, y ejercitar una comunión de bienes materiales y espirituales al servicio de la misión, pues el Señor nos ha convocado en Iglesia para evangelizar desde el testimonio del amor fraterno.

Esta Jornada quiere subrayar la corresponsabilidad económica que surge como consecuencia inseparable de participar en la comunión y misión de la Iglesia. La colaboración económica aparece como signo en las primeras comunidades cristianas, de ello nos habla el Libro de los Hechos de los Apóstoles. La misma palabra griega koinonia, con la que la Iglesia primitiva se refería a la comunión, se refiere en su acepción originaria a “compartir la bolsa o la olla común”.

El sostenimiento de la acción pastoral, del servicio caritativo y de la liturgia precisan de nuestra aportación económica para que personas, templos, locales y recursos diversos encuentren la financiación imprescindible.

Hemos de crecer en aportaciones periódicas y donativos estables para que sea posible una Iglesia que se autofinancie, haciendo notar que, como ciudadanos de una sociedad políticamente organizada, tenemos derecho a la aportación de las Administraciones públicas para alguna de nuestras actividades o de nuestros bienes que contribuyen al servicio público.

Forma parte de esta corresponsabilidad eclesial y servicio ciudadano, el cuidar la transparencia en toda nuestra gestión económica y la rendición de cuentas de todos los ingresos recibidos y los gastos realizados. No son admisibles ni el dinero en negro, ni la caja b, ni la evasión fiscal.

En este mismo ambiente sinodal cobran mayor relevancia los consejos parroquiales y diocesanos de asuntos económicos que han de incorporar a sus actividades todo lo que contribuya a lo ya referido respecto a la autofinanciación, rendición de cuentas y transparencia.

En nombre de nuestra comunidad diocesana gracias a todos por vuestra participación en la vida y misión de la Iglesia diocesana, especialmente a los que compartís tiempo y bienes económicos para hacer posible nuestra actividad apostólica.

+ Luis Argüello

Arzobispo de Valladolid

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