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Navidad

Este 2023 se cumplen 800 años de aquella navidad de 1223 cuando San Francisco de Asís “montó” por primera vez un “belén”. Desde entonces, en muchas de nuestras casas y ciudades, representamos el nacimiento del Hijo de Dios al modo de Francisco. Es una buena ocasión para recuperar el “espíritu de
los belenes” en su origen y originalidad.

El amor a Jesús llevó a San Francisco a querer conocer su tierra, la Tierra Santa, adonde viajó en 1219. Como hoy, también entonces había guerra: las cruzadas enfrentaban a cristianos y musulmanes. San Francisco iba predicando el evangelio a todos. Aun a riesgo de su propia vida, se atrevió a presentarse ante el Sultán de Egipto. Después de escucharle, le preguntó: “¿Por qué los cristianos predican el amor y hacen la guerra?”. A San Francisco se le saltaron las lágrimas y respondió: “Porque el Amor no es amado”. El Sultán quedó tan impresionado que dijo: “Si todos los cristianos fueran como Francisco sería muy fácil ser cristiano”. San Francisco logró la paz entre ambos bandos, al menos temporalmente. Desde entonces, los franciscanos custodian los Santos Lugares y, durante siglos, han sido la única presencia cristiana en Tierra Santa.

Al final de su vida, ya enfermo, san Francisco supo que no podría volver a la patria de Jesús, y pensó que, tal vez, no era necesario cruzar el mar para vibrar de emoción recorriendo los lugares santos, que también podía representarlos aquí “para contemplarlo con mis ojos corporales”. Y así le vino la
idea de “montar” el belén.

La verdad es que lo hizo un poco diferente a como nosotros lo hacemos hoy. San Francisco construyó un pesebre con heno, pero no usó figuritas. Bueno, usó solo dos: la mula y el buey. Ningún personaje, ni siquiera el Niño Jesús, ni la Virgen ni san José. Lo preparó todo para celebrar sobre el pesebre la Misa del gallo, en la que él mismo leyó el Evangelio del nacimiento de Jesús: “También José subió desde la ciudad de Nazaret a la ciudad de David, que se llama Belén, con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”. No era necesario el Niño, porque lo más cercano al misterio de la encarnación es la celebración de la Eucaristía donde Jesús se hace realmente presente, pequeño bajo el Pan y el Vino, y la lectura de la Palabra realiza lo quedice en nuestro corazón. Pero ¿por qué solo el buey y la mula? Probablemente san Francisco quiso representarnos a nosotros, tozudos como una mula y lentos
como un buey para creer en el misterio de Amor que tenemos ante nuestros ojos.

Este es “el espíritu de los belenes”: que vuelva a pasar ante nuestros ojos y en nuestro corazón el nacimiento de Jesús; encontrarnos con la humildad y pequeñez de Dios, que se hace hombre y viene al mundo en condiciones de pobreza y miseria, igual que cuando se hace Pan en la Misa. En el centro de la Navidad, para nosotros hoy, como hace 800 años para san Francisco, está la celebración de la Eucaristía. No podemos vivir la Navidad sin ir a Misa: así como Dios se hizo hombre en el seno de María, así se hace presente y visible a los ojos del cuerpo, en el pan y el vino consagrados.

¿Por qué sigue habiendo guerra en la Tierra de Jesús después de tanto tiempo? Porque “el Amor no es amado”. “Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron… Los hombres prefirieron la tiniebla a la luz” (Jn, 1). Ante el belén, este año no nos olvidemos de pedir al Señor que se obre de nuevo el milagro de la paz en Tierra Santa, como en tiempos de San Francisco, que cesen ya las armas, y empiece el tiempo de la reconciliación: “Desead la paz a Jerusalén. Vivan seguros los que te aman. Haya paz” (Sal 122).

Además, así ganaremos la indulgencia plenaria que el Papa Francisco ha concedido con motivo de los 800 años del primer belén de San Francisco a quien rece ante un nacimiento en alguna iglesia franciscana de todo el mundo.
En nuestra diócesis somos afortunados: tenemos dos monasterios de Clarisas, una
iglesia y un colegio de Franciscanos y una casa de espiritualidad llevada por Franciscanas de la Inmaculada en Cáceres; además el convento de El Palancar en Pedroso de Acím es una visita obligada; en Coria está el Convento de la Madre de Dios de Franciscanas de la TOR; y las Franciscanas Hijas de la Misericordia nos acompañan en Casas de Don Gómez.

¡Feliz Navidad para todos! Con mi bendición,

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