El domingo, 29 de septiembre, la Iglesia celebra la 110ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, y lo hace bajo el lema “Dios camina con su pueblo”. Con este motivo, el Papa Francisco, muy sensible y comprometido con el problema, ha escrito un precioso mensaje. Recuerda que la Iglesia está inmersa en una etapa sinodal, lo que facilita la comprensión de su naturaleza de pueblo de Dios en camino, peregrinante hacia el Reino de los Cielos. Además, hace referencia al relato bíblico del Éxodo que presenta al pueblo de Israel emprendiendo un largo viaje que no sólo lo cambia de lugar y lo conduce a la tierra prometida, sino que lo traslada de la esclavitud a la libertad.
Entre el pueblo de Israel y los migrantes de hoy, hay ciertas similitudes. Como le ocurrió al pueblo elegido, los migrantes huyen a menudo de situaciones de abusos y opresión, de violencia e inseguridad, de desigualdad y discriminación, de falta de perspectivas de futuro. Ambos grupos de personas encuentran también abundantes obstáculos en el camino: pasan hambre y sed, sufren abusos y enfermedades, se ven atenazados por el miedo.
Además de todas estas coincidencias realmente lamentables, hay una verdaderamente feliz: “Dios precede y acompaña el caminar de su pueblo y de todos sus hijos en cualquier tiempo y lugar”. Lo asegura el libro del Deuteronomio: “El Señor, tu Dios, te acompaña, y él no te abandonará ni te dejará desamparado” (Dt 31, 6). Esta presencia se le manifestó al pueblo de Israel de diferentes maneras: como columna de nube y de fuego que alumbran el camino (cf. Ex 13, 21), como serpiente de bronce que asegura la protección divina (cf. Nm 21, 8-9), como maná y agua para alimentar y saciar la sed de los peregrinos (cf. Ex 16-17), como Carpa del Encuentro que custodia el arca de la alianza y acompaña el caminar de su pueblo (cf. Ex 33, 7; 1 Cr 17, 5).
Del mismo modo, a día de hoy, Dios se hace cercano y acompaña a los migrantes gracias a multitud de samaritanos que los acogen, protegen, promueven e integran, que les enseñan a rezar a Dios al comenzar el camino y a encomendarse a él cuando se presenta la necesidad. Definitivamente, muchos experimentan su presencia y acompañamiento en el camino.
Pero Dios, no sólo camina con su pueblo, camina en su pueblo, puesto que se identifica especialmente con los últimos. Por esta razón, el encuentro con el migrante y con el necesitado nos ofrece la oportunidad de encontrarnos con Jesucristo. “En este sentido -dice el Papa Francisco- los pobres nos salvan, porque nos permiten encontrarnos con el rostro del Señor”.
Pues bien, estas oportunidades se multiplican para nosotros. Todos conocemos el gran número de africanos que arriesgan todo cruzando el desierto y atravesando el mar hasta Canarias, Ceuta y Melilla, lugares en los que se están acumulando en gran número, con una preocupante presencia de menores no acompañados. Para tratar de paliar estos problemas, el Departamento de Migraciones de la CEE viene proponiendo algunas iniciativas como la Mesa del Mundo Rural, para acoger e integrar con todas las garantías migrantes en los pueblos especialmente de la España despoblada. Ojalá en nuestra Diócesis podamos asumir también este proyecto.
Para informar y poner las bases de esta iniciativa, el día 21 de este mes de septiembre, a partir de las diez de la mañana, en el Colegio S. Ignacio de Ponferrada, se harán presentes el director del Departamento de la CEE Xavier Gómez, políticos, empresarios, asociaciones que trabajan y acompañan la vida del mundo rural, etc. Por supuesto, también estará D. Isaac, nuestro delegado y servidor. Os esperamos.







