El día 18 de noviembre, se cumplen 30 años de la publicación, por parte de la LXII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, del documento “La Pastoral Obrera de toda la Iglesia”. En dicho documento, los obispos de entonces invitaban a la Iglesia que peregrina en España a acoger la pastoral obrera, no tanto como una tarea propia de especialistas, como de un compromiso de todos y que ha de estar presente en las distintas actividades de la Iglesia.
A lo largo de estos 30 años, se ha ido recorriendo un largo y fructífero camino: numerosas diócesis han ido introduciendo en su estructura y funcionamiento delegaciones y secretariados responsables del área, el tema del trabajo se ha hecho más presente en la catequesis, la predicación, la liturgia y el servicio caritativo y social; y, en fin, se ha institucionalizado la celebración de la Jornada Mundial del Trabajo Decente, expresión de una Iglesia que se compromete a recuperar el trabajo humano como lugar de vida, eclesial y teológico. La realidad de estos avances, nada fáciles, nos mueve a dar gracias a Dios.
Al mismo tiempo, nuestra mirada misericordiosa descubre que, en este mundo, aún quedan muchas lagunas por llenar. El Mensaje que la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y la Promoción Humana ha escrito con motivo de esta efeméride, dice: “La realidad de la falta de salud y seguridad en el trabajo, el drama de la siniestralidad laboral con las consecuencias que ello tiene para las víctimas y las familias, la precarización del empleo de los derechos sociales de las familias, la realidad de los trabajadores pobres, la falta de esperanza con la que los jóvenes ven su futuro laboral, la realidad de tantos trabajadores migrantes sin derechos, la desesperanzada mirada con que las personas en situación de desempleo de larga duración afrontan su vida… son lamentos y súplicas que llegan hasta el corazón de Dios, que nos pide nuestra manera samaritana de acompañar la vida de estas personas”.
La fe cristiana nos permite reconocer en cada persona el rostro de Cristo que, no sólo camina a nuestro lado, sino en nosotros, especialmente en aquellos que son víctimas de la pobreza, la injusticia y la exclusión. Como se ve, queda mucha tarea por delante. Tres décadas después, hemos de seguir mirando con misericordia y solidaridad a las personas trabajadoras y a este mundo tan complejo en el que se juega la supervivencia y, sobre todo, la realización personal y el progreso social.
Uno de los avances apuntados antes es el de la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente que se viene celebrando desde el año 2008, cada 7 de octubre. Desde el año 2015, la celebración de esta Jornada en España está en manos de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, impulsada por Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, HOAC, JOC y JEC. La Jornada pretende dar visibilidad a las actuales condiciones en las que se desarrolla esta actividad humana y promover un entorno seguro y saludable de trabajo para todos.
Nuestra Diócesis se sumará a esta celebración el sábado 5 de octubre. Ese día, a las ocho de la tarde, presidiré una Eucaristía en la parroquia de Puerta de Rey, en Astorga. Al finalizar, se realizará un gesto solidario en la plaza del templo parroquial. Os invito a sumaros con la oración y el compromiso correspondiente.







