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La paz empieza aquí y ahora

Queridos hermanos,

el próximo día 14 de diciembre estamos todos convocados a la XXIII edición de la Marcha por la Paz, que une a todas las religiones y a los hombres y mujeres de buena voluntad en un mismo clamor por el fin de las guerras, de todas las guerras. No solo en Ucrania y en Tierra Santa. Hay más de 50 guerras, conflictos y persecuciones de minorías activos en el mundo, en los que están involucrados directamente 92 países.

A los católicos, el próximo Jubileo de la Encarnación nos urge a dar razón de nuestra esperanza. “Dar razón” no quiere decir elaborar argumentos, sino ofrecer signos de esperanza en nuestro mundo. Más aún, el papa Francisco en la Bula Spes non confundit con la que ha convocado el próximo Año Jubilar nos pide que seamos «signos tangibles de esperanza». La nota distintiva de la esperanza cristiana es que empieza a realizarse en el presente, que se anticipa y está ya activa en medio de las sombras y cruces de esta vida. Una manera irrenunciable de anunciar ll Buena Nueva del Evangelio es prestar atención a todo lo bueno que hay el mundo, venga de donde venga, para no caer en la tentación de pensar que el mal y la violencia tienen la última palabra.

Y el primer signo de esperanza que el Papa nos pide en este Jubileo es la paz. Las guerras, en cualquiera de sus formas, son un “mentís” al anuncio del Evangelio y una llamada a comprometernos en favor de la convivencia social y de la fraternidad. Precisamente porque el plan divino es que todas las guerras acaben de manera definitiva, la presencia escondida de Dios en este mundo se manifiesta con fuerza en el grito de todos los que las sufren y en los que se comprometen por hacerlas desaparecer: los que «trabajan por la paz» se llamarán hijos de Dios (Mt 5,9).

Los católicos no nos podemos quedar atrás en nuestro apoyo a un pacto social por la esperanza. El individualismo corroe la esperanza y nos hace intolerantes e insociales. Estamos llamados a hacer visible y operante nuestro compromiso con la paz mundial en unión con todas las personas de buena voluntad. Una paz que se quedase dentro de nuestras fronteras sería excluyente y egoísta. Ciertamente no puede faltar el compromiso de la diplomacia y la negociación. Pero también existen conflictos en nuestras casas, en nuestras familias, entre amigos y vecinos… que son semillas de discordia sembradas por el diablo.

Este año el lema de la XXIII Marcha para la Paz es: “La paz empieza aquí y ahora”. La paz que “no es de este mundo” empieza en este mundo, de lo contrario sería irreal e ilusoria. Dice Benedicto XVI que la esperanza cristiana es performativa: no se conforma con anunciar sin movilizar (Spe salvi, 2). Si no hacemos lo que creemos y esperamos, acabaremos creyendo y esperando lo que hacemos.

Os espero a todos en Cáceres, en el Paseo Cánovas de Cáceres, junto a la estatua de Gabriel y Galán el próximo día 14 de diciembre a las 17h 45m.

Con mi bendición,

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