ECCLESIA visita al grupo de «Los famosos», en la parroquia de Santa María Madre de Dios de Tres Cantos (Madrid)
En la parroquia de Santa María Madre de Dios, de Tres Cantos, los lunes por la tarde hay un trajín especial. En su algarabía de casa familiar, se arremolinan los niños que de Primera Comunión y los adultos que vienen a recogerlos, el párroco y los parroquianos, los asistentes a la catequesis de personas con discapacidad —conocidos entre los grupos de la parroquia como «Los famosos», porque publican libros y les suelen hacer entrevistas— y los voluntarios que les acompañan. «Hoy es un día especial», nos recibe ya dentro de la sala Isabel Cano, coordinadora del grupo. «Porque tenemos la visita de ECCLESIA… ¡Y porque es el cumpleaños de Isa, que ha traído bombones!». Isa Heras es psicóloga de profesión y lleva cinco años con «Los famosos»: «Dios me llamó. Llevo toda la vida en otro grupo de la parroquia, pero en este se vive la fe de una manera especial; se ha convertido en una referencia total para mí», explica.
Después de cantar el cumpleaños feliz y brindar un aplauso a Isa, el grupo toma posiciones en su sala cuadrada, mirándose unos a otros a los ojos, reza el padrenuestro y hace la señal de la cruz. Han venido Desirée, José Luis, Javier, Dani, Andy, Esther, Pedro y Perico. Les acompañan, además de Isa e Isabel, Gloria y Paula, la benjamina del grupo, con tan solo 15 años: «Me lo ofrecieron en la parroquia el año pasado y este ya lo pedí yo. Con ellos aprendo un montonazo, para mí son clases sobre la vida y el amor. La escucha es muy importante aquí», afirma. Ellas cuatro forman parte de los 81.080 catequistas voluntarios de la Iglesia en nuestro país. Unos y otras no tardan en tener un recuerdo para sus compañeros que hoy no están en su cita de todos los lunes. Son Fátima, Jorge —que viene cada semana desde su trabajo en Las Rosas y de quien José Luis destaca que «dice las cosas con una sencillez que nos gusta mucho»— y Laura, la que no falla nunca y hoy, precisamente, no ha podido venir.
La reunión para personas con discapacidad de Santa María Madre de Dios es uno de los 53.452 grupos de catequesis con que la Iglesia prepara a niños, jóvenes y adultos en nuestro país de cara a la Comunión y la Confirmación. Según la Memoria de la Iglesia, sacerdotes, voluntarios y seglares dedicaron más de 45 millones de horas a la actividad pastoral en España durante el año 2023. Sin centrar la perspectiva en los sacramentos, los grupos de fe alcanzaron la nada desdeñable cifra de 50.784. El que hoy visitamos cuenta ya con una trayectoria de casi una docena de años. José Luis es uno de sus cinco fundadores: «Quería compartir mi fe y mi oración. Este grupo me ha llenado muchísimo y gracias a él he podido conocer más de cerca a Dios y la fe cristiana», señala.
Al igual que José Luis, la mayoría de sus compañeros fue sumándose a estas catequesis con el objetivo de recibir el sacramento de la Confirmación —no en vano, José Luis es padrino de Javier, el primero en llegar siempre, así como Dani lo es de Andy—, «pues no había grupos que formaran a personas con discapacidad intelectual», aclara Isabel. «Éramos primerizos, en cierta forma», agrega. Esther, por su parte, llegó al grupo de la mano de Cano, a quien conoce desde hace más de cuarenta años. «La acompañé el primer día, me gustó y me quedé», afirma. «Cuando yo era pequeña, a las personas con discapacidad se nos apartaba. Nos escondían, no podíamos salir de casa ni nos dejaban hacer la Comunión. Eso me parece muy atrasado», prosigue. «Menos mal que, en mi caso, un cura amigo de mis padres preparó todo para que pudiera recibir el sacramento en mi propia casa», recuerda.
A día de hoy, y aunque todavía queda un largo camino por recorrer, la situación ha evolucionado notablemente en nuestro país. Solo en este grupo, José Luis es pianista, Perico publica libros de poesía y Andy ha aprobado una oposición para trabajar en el Centro Militar de la Farmacia de la Defensa en Colmenar Viejo, motivo por el que acaba de recibir un premio del Ayuntamiento de Tres Cantos en reconocimiento a la inserción laboral. La Iglesia, con 867 centros de atención a ancianos, enfermos y personas con discapacidad y 76.652 beneficiarios en todo el país, no solo se mantiene firme en su compromiso de vivir la fe acompañando especialmente al que sufre, sino que también está dando pasos en la evangelización y formación de las personas hasta ahora en los márgenes. Isabel y José Luis, sin ir más lejos, son los representantes de la discapacidad intelectual en la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado. «Allí, en el corazón de la Conferencia Episcopal, hacemos que las personas con discapacidad tengamos una voz propia, que nadie hable por mí, demostramos que somos agentes activos, no pasivos», explica José Luis.
En este foro al más alto nivel, los representantes del grupo de personas con discapacidad de la parroquia de Santa María Madre de Dios ponen en el común de la Iglesia su experiencia pionera en el acercamiento del Evangelio a realidades humanas que hasta hace poco resultaban desconocidas, cuando no, como hemos visto, directamente apartadas. En la Conferencia Episcopal presentan, por ejemplo, los materiales con los que trabajan sus propias catequesis. «Nos hacemos los manuales teniendo en cuenta las necesidades que nos van surgiendo. Nuestro itinerario es seguir nuestros propios libros», explica Isabel Cano. «A veces, nos pasa que leemos los libros, buscamos cosas en la Biblia y no entendemos. Por eso también traemos nuestras propias oraciones y las leemos aquí, entre todos», señala Esther.
De esta manera, nos muestran los manuales que han ido componiendo y publicando con la editorial PPC, con títulos que van desde Una catequesis sencilla a Orar con Sencillez de Corazón. Las bienaventuranzas. «Empezamos a escribir estos cuadernos casi por obligación, porque buscábamos materiales de lectura fácil, que es un método de redacción, diseño y forma de publicación para personas con dificultades de comprensión lectora, cuando no los había. Así que podemos decir que son hechos por nosotros, para nosotros y para todo el mundo», afirma Isabel. El objetivo, en materia de libros, es llegar a los diez volúmenes. Ya llevan cuatro. Uno de ellos está dedicado a Olaya, una compañera con discapacidad que buscaba un grupo para vivir la fe en su pueblo de Asturias, sin conseguirlo, y que se sumó a «Los famosos» durante la pandemia a través de las conferencias por internet. «No perdimos ni una sola sesión, las hacíamos todas por videollamada», explica Isa. «Una de las cosas buenas que tuvo la pandemia fue conocerla a ella», agrega. Fruto de una grave enfermedad, Olaya falleció hace poco cerca de la treintena y el sentido recuerdo de sus compañeros ha quedado plasmado en la dedicatoria del tercer cuaderno de la colección Vivir la Aventura de Dios.
Las primeras ediciones de estos manuales se suelen vender sobre la marcha, y su éxito es tal que José Luis tiene previsto entregarle toda la colección al papa Francisco con motivo del Jubileo de 2025, cuando viaje a Roma con la Comisión Episcopal para la Evangelización.
—¿Qué pedís vosotros a la Iglesia?
—Que nos incluyan como parte de ella, que a veces parece que cuesta trabajo tenernos en cuenta.
—Yo necesito que la Misa vaya más despacio; a veces los sacerdotes son complicados.
—A mí me gustaría que no nos trataran como a enfermos, porque no lo somos. Es diferente una persona enferma que una persona con discapacidad.
—Bueno, yo tengo que decir que me tratan como a una niña en muchos sitios, y que la Iglesia es el único sitio donde no lo hacen y respetan todo lo que he vivido.
Como otros grupos de la familia parroquial, «Los famosos» participan de las celebraciones eucarísticas y se encargan de la organización de la Misa dominical cuando les corresponde. Recientemente, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, encendieron la primera vela de Adviento en la basílica de la Concepción, del barrio madrileño de Goya —donde Andy y José Luis ejercen como lectores de la parroquia—, en una ceremonia televisada. «¿Hemos salido en la tele?», pregunta Pedro, al enterarse de la noticia. «¡Eso es porque no has mirado el grupo del WhatsApp!», le responde Gloria. Pedro era un brillante estudiante de Ingeniería Industrial cuando, a sus 21 años, sufrió un accidente practicando escalada y pasó nueve meses en coma. «Me falla la memoria», reconoce. «A veces, es útil escuchar. Venimos a escuchar y también a hablar, porque Dios está en la palabra», añade.
—¿Y qué aportáis vosotros a la Iglesia?
—¡Fe! —exclama Perico—. Calma, templanza frente a las prisas de la gente. Hacemos ver que se puede parar un momento, porque hay gente que va más despacio.
Para Perico, de 46 años, asistir a su grupo de fe es una forma de «agradecer a Dios una experiencia maravillosa que tuve en el santuario de Lourdes». Autor de la antología Poesía sobre ruedas, afirma que «mi vida es música». Nos cuenta que, gracias a la Orden de Malta, ha hecho el Camino de Santiago tres veces, ha estado en Praga hace poco y próximamente va a viajar a Viena. «Perico es una celebridad y un disfrutón. Nos levanta todos los días con una canción en el WhatsApp. Empezó con la pandemia y sigue a día de hoy», señala Isa. «Nos lo pasamos muy bien. Somos un grupo muy divertido y que merece la pena», aporta Desirée. «Lo pasamos bien en Misa… y luego, al aperitivo», concluye José Luis.
En su trabajo con la Conferencia Episcopal, los representantes de «Los famosos» también dan charlas a grupos de seminaristas sobre las dificultades que encuentran las personas con discapacidad dentro de la Iglesia. Ellos las acogen con total apertura, sumando esta receptividad a la buena experiencia que Isabel Cano ha encontrado en Tres Cantos: «Los sacerdotes son muy activos en todo el proceso, son amigables, acompañan a los asistentes al centro de día». «A mí, por ejemplo, mi familia no me deja salir del centro sin acompañante», indica Desirée. «Por eso, hay un equipo de voluntarios para acompañarnos a la parroquia. Es un tramo de cinco minutos, pero nosotros con la silla de ruedas tardamos un poquito más, casi veinte», agrega.
En la actualidad, ningún miembro de «Los famosos» se está preparando para recibir los sacramentos. «Cuando llega alguien que quiere recibir la Confirmación, lo que se adapta es la dinámica, no tanto el itinerario. Para todos es bueno refrescar los conocimientos y hacer convivencia con los que se preparan al sacramento», explica Isabel. No deja de ser una situación paradójica, puesto que en su gran mayoría llegaron aquí para hacer la Confirmación. Tal es el caso de Fátima, quien había buscado durante décadas un grupo para confirmarse y que, a sus 66 años, ha podido cumplir «el sueño de su vida». O, de manera menos convencional, de Gloria, una de las catequistas del grupo: «Llevo tres años en el grupo, pero lo conozco desde sus inicios, porque mi hija Victoria participaba en él. No veía la hora de que llegara el lunes para venir… Un día, después de que ella lo hubiera dejado ya, les dije: “Desde que no traigo a Vicky, estoy un poco alejada de la Iglesia”. Ellos me respondieron: “Pues ven tú”. Y aquí estoy; son ya tres años aprendiendo y no solo de cuestiones religiosas, porque en este grupo hablamos de todo».
En palabras de Andy, «no somos rígidos en los itinerarios; cuando toca hacer piña con los problemas de alguno, la hacemos. Este es un grupo de refugio y evasión de los problemas con la ayuda de Dios». A Desirée, por ejemplo, estas reuniones le «vienen bien para quitarme el rencor con las personas y el qué dirán», mientras que Pedro acude siempre con una idea fija: «Escuchar a todo el mundo, porque si tres personas buenas que no se conocen ni tienen interés alguno repiten una misma cosa, es Dios mismo quien te lo está diciendo».
Andy es el encargado de dar respuesta a los últimos interrogantes: «Cuando alguien nos pregunta por qué seguimos en «Los famosos» después de la Confirmación, suelo decir que el sacramento es algo muy importante, pero que la evolución y el momento como cristianos sigue después. Jesús insiste mucho en tener una comunidad acorde a nuestras necesidades. Aquí, nosotros vivimos en comunidad, compartimos lo que somos en la Iglesia y lo que hacemos dentro nos hace crecer fuera».








