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El Miércoles de Ceniza del Papa: sigue estable, se le impuso la ceniza, trabajó y llamó a Gaza

Envía la homilía para la Misa celebrada en la basílica de Santa Sabina: «Las cenizas reavivan la memoria de lo que somos, pero también la esperanza de lo que seremos»

El estado de salud de Francisco sigue estable. Este Miércoles de Ceniza no ha presentado episodios de insuficiencia respiratoria, pasó el día en el sillón, se le impuso la ceniza, recibió la Eucaristía, trabajó y llamó al párroco de la Sagrada Familia en Gaza.

«Como estaba previsto, recibió oxigenoterapia de alto flujo durante el día y durante la noche se reanudará la ventilación mecánica no invasiva. El Santo Padre aumentó la fisioterapia respiratoria y motora activa», recoge el comunicado vaticano. 

«Dada la complejidad del cuadro clínico, el pronóstico sigue siendo reservado», informa la Santa Sede, que añade que el Pontífice alternó por la tarde «descanso y trabajo».

Según ha informado posteriormente Vatican News, la neumonía sigue el curso normal de este tipo de enfermedad. «El Papa está cooperando con el tratamiento, su estado de ánimo sigue siendo bueno», agrega según fuentes vaticanas. También destacan la ausencia de crisis en los dos últimos días, pero, añaden, «se necesita tiempo para una evaluación más profunda».

Homilía

Aunque el papa Francisco no pudo presidir la Misa del Miércoles de Ceniza, con la bendición e imposición de la ceniza, sí envió la homilía, leída por el presidente de la celebración, Angelo de Donatis.

«Las sagradas cenizas, esta tarde, serán esparcidas sobre nuestra cabeza. Estas reavivan en nosotros la memoria de lo que somos, pero también la esperanza de lo que seremos. Nos recuerdan que somos polvo, pero nos encaminan hacia la esperanza a la que estamos llamados, porque Jesús ha descendido al polvo de la tierra y, con su Resurrección, nos lleva consigo al corazón del Padre», explica el Pontífice.

Sobre lo que somos, Francisco subraya que la condición de fragilidad del ser humano recuerda la muerte, que hoy «se intenta excluir de nuestros lenguajes, pero que se impone con una realidad con la que debemos lidiar, signo de precariedad y transitoriedad de nuestras vidas».

Pero hay esperanza, también dice, en Jesús. «Esta esperanza es la que reaviva las cenizas que somos. Sin esta esperanza, estamos condenados a soportar pasivamente la fragilidad de nuestra condición humana y, sobre todo, ante la experiencia de la muerte, nos hundimos en la tristeza y la desolación», continúa.

«Hermanos y hermanas, con la ceniza en la cabeza, caminemos hacia la esperanza de la Pascua. Convirtámonos a Dios, volvamos a él de todo corazón, volvamos a ponerlo en el centro de nuestra vida, para que el recuerdo de lo que somos —frágiles y mortales como cenizas esparcidas por el viento— sea iluminado finalmente por la esperanza del Resucitado», concluye.

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