En el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la CEE, reafirma el compromiso de la Iglesia en materia de protección de menores y frente a los abusos y se muestra dispuesto a que el Defensor del Pueblo supervise el Plan de Reparación Integral de la Iglesia
El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, en calidad de presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), abrió este lunes la Asamblea Plenaria que reúne esta semana a todos los obispos de nuestro país con un discurso lleno de mensajes en clave interna, pero también hacia fuera. De hecho, concluyó su intervención con dos propuestas —con implicaciones sociales y políticas— y un compromiso.
Las dos propuestas tienen que ver con dos de los grandes signos de este tiempo, o desafíos: la crisis demográfica y la migración.
En torno a la primera, Argüello ha puesto encima de la mesa el impulso de una gran alianza para promover una cultura de la vida, «reflexionando y proponiendo medidas sobre los diversos ámbitos concernidos por la crisis demográfica: económicos, políticos, culturales y espirituales». Se trata de una iniciativa a la que se convoca a padres y educadores, empresarios y políticos, medios de comunicación, artistas y creadores. El primer paso será la organización de un foro, precisamente, «para impulsar esta alianza social».
El otro tema es muy concreto: el impulso de la Iniciativa Legislativa Popular para la regularización de los migrantes indocumentados que ya viven en nuestro país y que, con el apoyo de la Iglesia, alcanzó los 700.000 apoyos. Un proyecto que parece olvidado en el Congreso de los Diputados.
«Proponemos a los dos grupos políticos mayoritarios en las Cortes Generales que se reúnan para afrontar el problema e impulsar la tramitación de la ILP. Es un ejercicio de regeneración democrática, por respeto a la iniciativa de cientos de miles de ciudadanos y a la decisión del Congreso de los Diputados, y también una forma de ayudar a resolver un grave problema en el que la dignidad y el bien común están afectados. Es también una llamada a superar polarizaciones estériles y abordar los graves problemas comunes desde legítimas diferencias, pero buscando puntos de encuentro», ha explicado Argüello.
De nuevo, el arzobispo ha señalado la necesidad de una «alianza social» que lleve la esperanza «a quienes están excluidos de la regularización y viven en una tierra de nadie que no propicia nada nuevo». En este sentido, ha dicho que la Iglesia está dispuesta a ofrecer «un cauce que facilite el encuentro y el diálogo».
Tras las dos propuestas, Argüello ha proclamado un compromiso: seguir intensificando la reparación integral de las víctimas de abusos y la prevención de estos. En este sentido, ha dicho que la Iglesia está dispuesta a estudiar una posible supervisión del Defensor del Pueblo del proceso de reparación ya en marcha.
La Eucaristía y los pobres
Antes de estas concreciones, el arzobispo ha dedicado una gran parte de su discurso a hablar sobre la Eucaristía, con un especial énfasis en la celebración del domingo. Es ahí donde, ha explicado, «comulgamos su cuerpo y adoramos su presencia, y así salimos a ofrecer la vida en nuestros espacios vitales».
Y es de la Eucaristía, ha continuado, donde encontramos la esperanza, que no es optimismo o pesimismo, que no depende de nuestros proyectos, sino «de la participación en la vida de Dios que está vivo y presente»
«Para que la esperanza se active en nosotros, es imprescindible cultivar esta presencia del Señor en nuestras vidas, de una manera singular la presencia del Señor en la Eucaristía del domingo, Pascua semanal. Este es el día del Señor, el día nuevo de la nueva creación. Cuando celebramos la Eucaristía del domingo, no solamente hacemos memorial de la Pascua, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, sino que anticipamos el octavo día, día que supera el tiempo y reúne a los dispersos en un banquete de bodas», ha agregado.
Según el prelado, otro signo de la presencia de Dios son los pobres, cuya situación es consecuencia «de la ruptura del plan de Dios por la desobediencia que provoca apropiación, violencia y mentira».
Y ha añadido: «Los gritos, tantas veces silenciosos, de los pobres nos llaman y ponen a prueba nuestra esperanza en el ejercicio de la caridad. Ponen a prueba la calidad de la vida profética, sacerdotal y real que recibimos con la unción bautismal y son un test de la acogida que realizamos del amor que se nos entrega en la eucaristía y de la obediencia a su doble mandato, id y haced».
Individualismo y doble vida
Esta misión no es fácil, pues se realiza en un contexto muy concreto, dominado por el individualismo y por un sujeto autónomo y desvinculado. «El anuncio del Evangelio tiene aquí un desafío que no se va a vencer solo con palabras, sino con el testimonio de vidas vinculadas, de familias y comunidades cristianas obedientes a llamada de la verdad y el bien en el rostro de los empobrecidos. Es una propuesta contra corriente, martirial, es decir, una propuesta que necesita ser testificada y que, a veces, el testimonio de esa vida contra corriente, como dice Francisco en Gaudete et exsultate, provoca dificultades o amenazas para el puesto en la vida», ha dicho.
En este sentido, ha lamentado que muchos cristianos lleven una doble vida, en la que se asumen banderas evangélicas, pero se llevan formas de vida y de acción mundanas: «Terminamos reduciendo la vida evangélica a los templos o a los días del calendario marcados en rojo; pero fuera de los templos hay que asumir las reglas del juego del mundo dominadas por el dinero y el poder que provocan indiferencia y pasividad a la hora de evangelizar en los entresijos de la mentalidad dominante», ha sentenciado.
Comunidades formativas
Para hacer todo esto realidad, Argüello ha subrayado la necesidad de promover comunidades formativas «que nos ayuden a refrescar la iniciación cristiana, a afianzar nuestra comprensión de la vida como vocación, ayudar a descubrirla y cultivar la formación permanente».
En este sentido, y ante la proliferación de iniciativas vinculadas al primer anuncio, ha recordado que la apuesta de la Conferencia Episcopal para transformar la emoción en virtud y vivir la vocación laical en la comunión y misión de la Iglesia es la Acción Católica General.
Otro aspecto que ha reseñado es la importancia de interpelar a nuestros contemporáneos con el testimonio del amor cristiano. Porque, ha dicho, «corremos el riesgo de que nuestras organizaciones, tan dependientes del Estado del bienestar, sus reglas y subvenciones para el tercer sector, ofrezcan de una manera débil la novedad del amor cristiano y sean fácilmente confundidas con ONG muy gubernamentales». «Lo mismo puede ocurrirnos en nuestras empresas educativas o del mundo de la comunicación», ha agregado.
Rearme y salud del papa Francisco
Finalmente, el presidente de la CEE ha abordado dos temas de actualidad. En primer lugar, el debate sobre el rearme de Europa. Ha dicho lo siguiente: «El rearme armamentístico está de actualidad y es presentado como imprescindible para la seguridad. Pero si no hay un rearme ético y espiritual que favorezca el encuentro y el diálogo y la búsqueda de un orden internacional más justo, la seguridad armada no asegurará la paz».
En segundo lugar, la enfermedad del papa Francisco: «Nos hemos unido a él en una oración universal, hemos acogido su testimonio de presencia y fragilidad, y también, en la ausencia de palabras e imágenes suyas, seguramente hemos recordado la sorprendente aportación a nuestra vida eclesial del Papa venido del sur, con el amor de Jesús en su corazón y la solicitud por anunciar el Evangelio a los pobres en cada palabra y en cada gesto».








