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León XIV: «Dios nos ama sin esperar que seamos mejores»

En su primera catequesis semanal de los miércoles, el papa León XIV ha retomado el ciclo de parábolas iniciado por Francisco con la de El Sembrador

En su primera audiencia general, el papa León XIV ha querido continuar el ciclo de catequesis sobre «Jesús, nuestra esperanza» iniciado por el papa Francisco, y basadas en parábolas de Jesús que ayudan a recuperar la esperanza.

En esta ocasión ha comentado la parábola del sembrador (cf. Mt 12,1-17), un relato en el que «podemos reconocer la forma de comunicarse de Jesús, que tiene mucho que enseñarnos para el anuncio del Evangelio hoy». Es una historia «tomada de la vida cotidiana, pero que quiere decirnos algo más, nos remite a un significado más profundo» porque «suscita en nosotros interrogantes, nos invita a no quedarnos en las apariencias».

Cada palabra del Evangelio, ha señalado el Papa, «es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida». Ese terreno, ha añadido, «es nuestro corazón, pero también es el mundo, la comunidad, la Iglesia. La palabra de Dios, de hecho, fecunda y provoca toda la realidad». Es una palabra «para todos, pero actúa en cada uno de manera diferente», porque hablamos de un sembrador que «no se preocupa de dónde cae la semilla, La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos».

¿Por qué es así de «derrochador»? porque es «una imagen de la forma en que Dios nos ama». El sembrar en cualquier tipo de terreno quiere decir «en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores». León XIV ha recordado que Dios ama así: «no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor». Pero la semilla, ha recordado el Pontífice, «para dar fruto, debe morir», es decir, que «Dios está dispuesto a desperdiciarse por nosotros y que Jesús está dispuesto a morir para transformar nuestra vida».

El Santo Padre ha recordado el cuadro El sembrador al atardecer de Van Gogh. Una imagen «de esperanza» porque «de una forma u otra, la semilla ha dado fruto». Y además porque «está dominado por la imagen del sol tal vez para recordarnos que es Dios quien mueve la historia, aunque a veces nos parezca ausente o lejano. Es el sol que calienta la tierra y hace madurar la semilla».

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