Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

«Respondía como las piedras más preciosas» (Ap 21,12)

Tradicionalmente, la Iglesia venera de una manera especial a lo largo del mes de mayo a María, la Virgen María. Esta tradición cogió fuerza a finales del siglo XVIII y se consolidó a lo largo del siglo XIX, especialmente a partir de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de María en 1854. Esta devoción del mes de María fue promovida especialmente por los papas León XIII y Pío XII. Se trata, pues, de una tradición fuertemente arraigada que quizás en los últimos años ha perdido parte de su protagonismo; no así el culto a María, especialmente en sus diversas y ricas advocaciones esparcidas por todo el mundo, y también muy presentes en nuestra diócesis.

Siempre es bueno dedicar una atención particular a la Virgen María: ella representa para nosotros muchas cosas. María es la madre de Jesús, aquella que acogió en sus entrañas al Hijo de Dios engendrado por obra del Espíritu Santo y hecho hombre. María es la primera discípula de Cristo, aquella que primero escuchó y acogió la buena nueva del Evangelio y que guardaba todo lo que vivía en su corazón. María es también la primera en subir al cielo y es éste el último de los dogmas, el de la asunción, proclamado por la Iglesia en 1950.

Nuestra devoción, nuestro amor a la Virgen María va mucho más allá de los cuatro dogmas proclamados por la Iglesia: la inmaculada concepción, la virginidad, su maternidad divina y la asunción al cielo en cuerpo y alma. María es para todos nosotros aquella que tenemos más cerca, más a mano, para acercarnos a Jesucristo, su hijo y nuestro Señor. María siempre está cerca de nosotros porque desde que Jesús la confió de la cruz estando al discípulo que tanto amaba, se ha convertido también en nuestra madre. María es, pues, Madre de Dios y madre de la humanidad.

Nos dice el Concilio Vaticano II que: «Uno sólo es nuestro Mediador según las palabras del Apóstol: «Hay un solo Dios; hay también un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesucristo, que se dio a sí mismo como rescate por todos.» (1Tm 2, 5-6) Sin embargo, la misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, al contrario, sirve para demostrar su poder.» ( Lumen gentium , 60).

Aprovechamos pues este mes de mayo para rezar a María, para pedirle que ilumine a nuestro papa León en este inicio de su ministerio como sucesor de Pedro, y que a nosotros nos acompañe en todo momento.

« Bajo tu manto nos amparamos, santa Madre de Dios; escucha nuestra oración en toda necesidad y aparta siempre de los peligros. Virgen gloriosa y bendita. »

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now