El Papa preside la Eucaristía en la basílica de San Pedro en la fiesta de la Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia y Jubileo de la Santa Sede
En la fiesta de la Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia, ha tenido lugar en el Vaticano el Jubileo de la Santa Sede. Primero con una meditación a cargo de una religiosa de la comunidad monástica de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, Maria Gloria Riva, y luego con la Eucaristía presidida por el papa León XIV.
Durante la homilía, el Pontífice ha hecho un paralelismo entre la Virgen y la Iglesia y ha subrayado que «la fecundidad de la Iglesia y la Santa Sede depende de la cruz de Cristo». Una fecundidad que debe estar vinculada a la santidad, a la conformación con Cristo.
«La Santa Sede es santa como lo es la Iglesia, en su núcleo originario, en la fibra de la que está tejida. Así, la Sede Apostólica custodia la santidad de sus raíces mientras es custodiada por ella. Pero no es menos cierto que también vive de la santidad de cada uno de sus miembros. La mejor manera de servir a la Santa Sede es procurar ser santos, cada uno según su estado de vida y la tarea que se le ha confiado», ha dicho.
En este sentido, León XIV ha puesto como ejemplo el sacerdote que, aunque lleva una cruz pesada en su día a día, hace su trabajo de la mejor forma posible. Igual que un padre de familia que viven en una situación difícil.
Finalmente, el Papa se ha referido a cómo la Iglesia sostiene el ministerio de los sucesores de Pedro con el carisma mariano, igual que la Virgen sostuvo a los apóstoles tras la muerte de Jesús. «La Santa Sede vive de manera muy particular la co-presencia de ambos polos: el mariano y el petrino. Y es el polo mariano el que asegura la fecundidad y la santidad del petrino, con su maternidad, don de Cristo y del Espíritu», ha concluido.








