El Santo Padre ha dedicado su catequesis de este miércoles a reflexionar sobre las «parálisis» de nuestras vidas, extrayendo una lección de sanación y esperanza del Evangelio de Juan
En su catequesis semanal de este miércoles, el papa León XIV ha invitado a los fieles a reflexionar profundamente sobre las situaciones de «bloqueo» y desilusión que a menudo nos asaltan, utilizando la imagen de la «parálisis» descrita en los Evangelios. El Santo Padre, en un mensaje centrado en la sanación y la esperanza como parte del ciclo de catequesis para el Jubileo 2025, ha profundizado en el relato de la curación de un paralítico en el quinto capítulo del Evangelio de San Juan.
Así las cosas, el Papa ha explicado cómo Jesús, al llegar a Jerusalén para una fiesta judía, se ha detenido ante una puerta cercana a una piscina, Betzatá, conocida por sus supuestas propiedades curativas. Esta piscina, cuyo nombre significa «casa de la misericordia», ha sido descrita como un lugar donde se congregaban numerosos enfermos, excluidos del Templo y a la espera de un milagro. El Pontífice ha señalado que esta situación creaba una «guerra de los pobres», donde los enfermos se arrastraban con dificultad para ser los primeros en sumergirse cuando el agua se agitaba. En este escena, Jesús se acerca a un hombre paralítico desde hace 38 años, resignado a su destino por no lograr sumergirse a tiempo. El Papa ha subrayado que a menudo es la desilusión lo que nos paraliza y nos lleva a la dejadez.
León XIV ha destacado la pregunta de Jesús al paralítico, «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6), como una interrogante crucial, no superficial. Ha explicado que, tras tantos años en una condición de inmovilidad, la voluntad de sanar puede haberse desvanecido, e incluso se puede preferir permanecer enfermo para eludir responsabilidades o para que otros se ocupen de uno. Jesús, con esta pregunta, reconduce al hombre a su deseo más «veraz y profundo».
A continuación, el Santo Padre ha analizado la respuesta del paralítico, quien atribuye su incapacidad a la falta de ayuda —«No ha tenido nadie que lo sumerja en la piscina»— y a una visión fatalista de la vida, porque «siempre hay alguien que llega antes que él». Esta actitud, ha abundado, se convierte en un pretexto para evitar la asunción de responsabilidades personales. Para iluminar esta situación, el Pontífice ha citado a san Agustín y su respuesta a la excusa del hombre: «Sí, para ser sanado tenía absolutamente necesidad de un hombre, pero de un hombre que fuese también Dios. […] Ha venido por lo tanto el hombre que era necesario: ¿por qué postergar de nuevo la sanación?».
Finalmente, el Papa ha resaltado la acción liberadora de Jesús, que invita al hombre a levantarse, a abandonar su situación crónica, y a recoger su camilla. Esta camilla, ha explicado, representa su «pasado de enfermedad», su historia que hasta ese momento lo había «bloqueado». Ahora, destaca el Pontífice, el hombre puede cargarla y «llevarla a donde quiera: ¡puede decidir qué cosa hacer con su historia!». Esto, ha concluido, significa «caminar, asumiéndose la responsabilidad de escoger cual camino recorrer. ¡Y esto gracias a Jesús!».
Por último, León XIV ha finalizado su catequesis invitando a los fieles a pedir al Señor el «don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida», a dar voz a nuestro deseo de sanar y a rezar por todos aquellos que se sienten paralizados. De esta manera, ha exhortado a todos a «¡pedir regresar a vivir en el Corazón de Cristo, que es la verdadera casa de la misericordia!».






