Esta es una expresión que se hace a menudo hoy en día. Si nos entretenemos en mirar por las redes sociales las propuestas y los consejos que se acostumbran a ofrecer para cuidar y llevar una vida saludable, la mayor parte de estos consejos se refieren a cuestiones relacionadas con la alimentación, el ejercicio, y ahora en verano las altas temperaturas.
Pero más allá de todo esto de tipo más bien físico y que es bueno tener presente, se encuentran también algunos otros consejos que inciden más bien en las relaciones interpersonales y que hacen referencia al tipo de sociedad en la que vivimos, con las prisas, con inquietudes, y con la necesidad de compartir más con los que amamos, con las personas que tenemos más cerca, generando experiencias positivas y enriquecedoras o estimulando la creatividad.
Si hablamos de cuidarnos no se trata, por tanto, de un acto individualista que repercute sobre mí únicamente. En la medida en que pensamos y actuamos en plural nos cuidamos los unos a los otros, y esto nos ayuda a sentirnos más familia y comunidad, al estilo de Jesús de Nazaret. Estar mejor para que los demás estén mejor.
Y avanzando aún más en esta reflexión podríamos fijarnos en Jesús, cómo cuida él las relaciones a través de los textos evangélicos. Podemos encontrar un buen número de textos en los que Jesús sabe estar atento a las personas que le rodean, se fija en los detalles, comparte momentos con sus amigos, acepta la invitación para encontrarse con gente nueva, disfruta de la buena compañía. Son momentos a los que Él les da importancia y no es únicamente encontrarse para evadirse o descansar, o para cuidarse personalmente. Para Jesús cada persona es especial, cada conversación es única, podríamos decir que Él ayuda a trascender lo cotidiano y situarlo en un nivel de profundidad espiritual, de experiencia de comunión, de enriquecimiento interior, de expresión del amor de Dios que compartimos unos con otros.
Esto me hace pensar en algunos colectivos importantes con los que podemos experimentarlo y enriquecernos mutuamente. Pienso en nuestras familias con las que estos días podremos compartir más momentos para crecer como personas y como hijos de Dios, y para aprender unos de otros juntos. Pienso también en las personas mayores, en nuestros abuelos, en aquellos que tienen mucha experiencia por compartir y por enriquecernos con su sabiduría acumulada a lo largo de los años. Y pienso también en el problema de la soledad de muchas personas, mayores o jóvenes, problema que ha llevado en algunos países de Europa a crear incluso un «ministerio de la soledad».
La mejor manera de cuidarse uno es hacerlo con los otros, cuidándonos unos a otros, creciendo juntos en comunidad, porque así hemos sido creados por Dios. Pero la comunidad, la amistad, debe construirse cada día, y por eso la mejor manera de hacerlo es vivir atentos a los nos rodean, compartir nuestro tiempo, nuestra proximidad con los demás, pensar en los demás antes que en nosotros mismos. El modelo lo tenemos una vez más en Jesús y en los evangelios, en Aquel que dio la vida por sus hermanos.





