León XIV se ha reunido con sus hermanos agustinos en el 188.º Capítulo General de la Orden
El Papa León XIV se ha reunido con sus hermanos agustinos en el 188.º Capítulo General de la Orden, celebrado en el Instituto Patrístico Augustinianum en Roma. En un discurso marcado por la cercanía y el cariño por su comunidad de origen, el Pontífice ha invitado a los religiosos a reavivar la llama misionera que ha caracterizado su historia y a redescubrir la vocación como un camino de amor. El encuentro, al que asistieron alrededor de 100 religiosos de 46 países, fue una ocasión para que el Santo Padre compartiera reflexiones sobre la misión, la formación y el amor, que, según él, debe ser «el centro de todo».
La intervención del Papa se centró en la identidad del misionero, recordando que la vocación es un don recibido no para uno mismo, sino «para servir la causa del Evangelio». León XIV animó a los agustinos a no dejar que se extinga el «espíritu misionero» que han llevado a lo largo de los siglos, desde 1533, cuando se inició la primera misión de la Orden. «Este espíritu misionero no debe extinguirse, pues aún hoy es muy necesario», ha subrayado, llamando a un testimonio de «una alegría humilde y sencilla, la disponibilidad para servir, el compartir la vida de las personas a las que somos enviados».
Como suele ser habitual, el Pontífice recordó una de las máximas de san Agustín: «Ama lo que serás». Esta frase, explicó, es un consejo valioso para evitar el error de concebir la formación religiosa como un conjunto de reglas a observar pasivamente. Para el Papa, la vocación cristiana nace de la atracción por un amor inmenso que puede saciar el corazón. Por ello, la principal preocupación de la Iglesia debería ser «ayudar, especialmente a los jóvenes, a vislumbrar la belleza de la vocación». La vocación y la formación, concluyó, no son realidades preestablecidas, sino «una aventura espiritual que abarca toda la historia de la persona».
León XIV también ha hecho hincapié en la importancia de la interioridad, citando la conocida frase del Obispo de Hipona: «No salgas de ti mismo, vuelve a ti mismo: la verdad habita en ti». El Papa aclaró que esta interioridad no debe ser entendida como «una evasión de nuestras responsabilidades», sino como un medio para resurgir «aún más motivados y entusiastas en nuestra misión». Este camino espiritual, afirmó, renueva el impulso pastoral y ayuda a redescubrir la relación con Dios y con los hermanos, fuente de inspiración para afrontar los desafíos de la vida comunitaria y del apostolado.
El amor, para el Santo Padre, es también el «criterio fundamental» para la formación intelectual y el estudio teológico. Subrayó que el conocimiento de Dios no puede limitarse a la razón, sino que requiere «dejarse maravillar por la grandeza del Señor». En este sentido, ha exhortado a los estudiosos a vivir con «generosidad y humildad», compartiendo sus investigaciones para el beneficio de la fe y evitando la vanagloria intelectual.
Finalmente, el Papa ha animado a los agustinos a vivir el «don inefable de la caridad divina» en la vida comunitaria y apostólica, compartiendo los bienes «materiales», «humanos» y «espirituales». Su discurso concluyó con una oración para que el «viento del Espíritu» los acompañe siempre en su misión, expandiendo la alegría de su ordenación a quienes irán a servir.








