El Papa ha recibido este sábado a los seminarios de Alcalá de Henares, Cartagena, Tarrasa, Toledo y el interdiocesano de Cataluña. Les ha recordado que lo más importante es la relación con Dios
Entonando el Tarde te amé, el famoso pasaje de las Confesiones de san Agustín, un nutrido grupo de seminaristas españoles, acompañados por sus obispos, por sacerdotes y algunas familiares, saludaron el ingreso del papa León XIV en la Sala Clementina, donde iba a encontrase con ellos.
En total, más de 400 personas de los seminarios de Alcalá de Henares, Cartagena —aquí se forman los de Almería—, Tarrasa, Toledo y el Interdiocesano de Cataluña. En el caso de Toledo, los parcipantes fueron los alumnos del seminario menor y los que están en el propedéutico, la etapa preparatoria antes de entrar al seminario.
A la cabeza de esta nutrida peregrinación, los obispos de cada diócesis, con el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, a la cabeza. También estuvieron presentes los arzobispos de Toledo y Tarragona, Francisco Cerro y Joan Planellas, respectivamente, así como los obispos de Cartagena, Almería, Alcalá, Tarrasa, San Felíu, Solsona, Vic…
El discurso del Papa no defraudó, con un mensaje central: la necesidad de tener una mirada sobrenatural, que se nutre del encuentro con Dios. «Es algo que corre el riesgo de darse por su puesto sin ser cultivado», comenzó.
El desarrollo de esta idea la comenzó con una reveladora frase de Chesterton: «Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural». Por ello añadió que el hombre está hecho para vivir en relación con Dios y que cuando esa relación se oscurece o debilita, la vida comienza a desordenarse desde dentro.
De hecho, advirtió de que lo antinatural, siguiendo con el concepto expresado por Chesterton, no es solo lo que lo escandaloso, sino vivir cada día prescindiendo de Dios. Y esto puede afectar a aquellos que se ocupan de las cosas de Dios. «¿Qué podría haber más antinatural que un seminarista o un sacerdote de Dios que habla con familiaridad, pero vive interiormente si su existencia existiera solo en el plano de las palabras, y no en el espesor de la vida? Nada sería más peligroso que acostumbrarse a las cosas de Dios sin vivir de Dios». Así, subrayó que lo fundamental es la relación viva y concreta con Jesucristo.
León XIV también explicó que tener una mirada sobrenatural no significa estar alejado de la realidad, pues afirmó que esta mirada se entrena en lo ordinario de la vida. Una mirada que tiene que traducirse en opciones concretas, dijo, pues, de lo contrario, acciones buenas como el estudio, la oración o la vida cominitaria «pueden vaciarse interiormente y desnaturalizarse».
Los árboles que mueren de pie
El Papa puso un ejemplo muy gráfico, el de los arboles que mueren de pie, que están erguidos, conservan la apariencia, pero por dentro están secos. «Algo semejante puede ocurrir en la vida del seminario o de un seminaristas —y más tarde en la vida de un sacerdote— cuando se confunde la fecundidad con la intensidad de las actividades o con el cuidado meramente exterior de las formas».
Y continuó: «La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios. Cuando esa raíz se descuida, todo acaba secándose por dentro, hasta que, silenciosamente, se termina por morir de pie».
Así, volvió a recordar que la mirada sobre natural nace de algo sencillo y decisivo: estar con el maestro. Aunque los medios humanos como la psicología o las herramientas formativas sean valiosas, estas no pueden sustitur esta relación, apostilló.








