Las procesiones movilizan a miles de personas y requieren prever cuestiones como la responsabilidad en el espacio público, la seguridad en los ensayos y actividades preparatorias o la preservación de bienes históricos y artísticos
Con la llegada de la Cuaresma, el pulso de las ciudades españolas cambia. Se intensifica la actividad en las casas de hermandad y los templos, donde la fe se apoya en una importante logística de precisión. En este contexto, el bienestar de las personas y la protección del valioso patrimonio devocional se ha convertido en una prioridad. Según los últimos datos manejados por UMAS Seguros, las corporaciones religiosas están reforzando su seguridad, entendiendo que «ensayos de costaleros, traslados de imágenes, preparación de enseres o coordinación con autoridades locales forman parte de una agenda que, además de su dimensión religiosa y cultural, exige una planificación cada vez más compleja».
Así las cosas, en los últimos años la gestión de riesgos ha dejado de ser una cuestión secundaria para convertirse en un pilar de la organización. Las procesiones «movilizan a miles de personas y requieren prever cuestiones como la responsabilidad en el espacio público, la seguridad en los ensayos y actividades preparatorias o la preservación de bienes históricos y artísticos», explican desde la aseguradora.
Y es que, en este ámbito, UMAS se ha consolidado como la entidad de referencia, superando ya las 1.100 pólizas en vigor dentro del sector. Actualmente, esta compañía de seguros da cobertura, según sus propios datos, a «796 mutualistas, con una cartera cercana a los 400.000 euros en primas». Esta confianza se debe, en gran medida, a la creación de soluciones que dan respuesta a las «particularidades organizativas y patrimoniales de estas corporaciones», incluyendo la «responsabilidad civil durante los actos organizados por las hermandades» y la «protección del patrimonio histórico-artístico».
La geografía del seguro cofrade tiene un epicentro claro: Andalucía concentra el 60 % de la actividad de la mutua en este ámbito, «reflejo del peso de la tradición cofrade en la región». Esta estrecha relación ha permitido a la entidad desarrollar un conocimiento profundo de las necesidades locales, lo que ha culminado en el lanzamiento de «un nuevo producto específico para hermandades».
Eduardo Basagoiti, director general de UMAS, destaca la importancia de esta labor de acompañamiento, señalando que «las hermandades y cofradías realizan una labor extraordinaria de organización y custodia de un patrimonio cultural y devocional de enorme valor». El objetivo es permitir que estas instituciones desarrollen su fe con «tranquilidad y proteger tanto a las personas como al patrimonio que conservan».
Más allá de las cifras, la identidad de la aseguradora redunda con los valores de las instituciones a las que sirve. Fundada en 1981, UMAS opera bajo un «modelo mutualista, sin ánimo de lucro» que «prioriza el bienestar y la seguridad de sus mutualistas». Este enfoque ético se traduce en «un compromiso con la solidaridad, confianza y responsabilidad», ofreciendo un trato cercano a entidades que son pilares de la vida religiosa y social, como residencias, fundaciones y centros educativos.








