El pontífice ha continuado sus catequesis sobre la Lumen Gentium, dentro del ciclo sobre los documentos del Concilio Vaticano II. Durante la Audiencia General de hoy, ha subrayado que el ministerio de los pastores es un servicio nacido de la caridad de Cristo para la unidad y la salvación de todo el Pueblo de Dios.
En la plaza de San Pedro, ante los fieles congregados, el pontífice ha reanudado el ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II y sus documentos, haciendo hincapié en el capítulo III de la constitución dogmática Lumen Gentium. Tras haber reflexionado en sesiones anteriores sobre la Iglesia como Pueblo de Dios, hoy ha querido profundizar en su forma jerárquica, fundamentada en los apóstoles como «columnas vivas» del Cuerpo místico de Cristo.
Institución divina y sucesión apostólica
Al comienzo de su reflexión, ha destacado que la estructura de la Iglesia posee una dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad y la santificación. Esta organización, ha explicado, no es una «construcción humana» para la gestión interna de un cuerpo social, sino una «institución divina» que tiene como finalidad perpetuar la misión que el Señor confió a los apóstoles. Ellos, como testigos de la Resurrección, transmiten su ministerio a quienes les suceden para guiar e instruir a la Iglesia hasta el final de los tiempos.
Ha recordado también que el Concilio no presenta los elementos institucionales en un sentido moderno o meramente administrativo. Al contrario, el documento se concentra en el «sacerdocio ministerial o jerárquico», que difiere «esencialmente y no sólo en grado» del sacerdocio común de los fieles. «Ambos se ordenan el uno al otro, pues participan a su manera del único sacerdocio de Cristo», ha afirmado, subrayando que esta sacra potestas (potestad sagrada) está volcada enteramente al servicio.
Un ministerio nacido de la caridad y el servicio
Citando las enseñanzas de los Padres conciliares, ha presentado el ministerio apostólico —que se despliega en los grados de episcopado, presbiterado y diaconado— como una «diaconía». Con el uso del adjetivo «jerárquica», el Concilio busca indicar el origen sagrado del ministerio en la acción de Jesús, el Buen Pastor. El fin último de este encargo es que todos los bautizados, «tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación», ha señalado.
«La jerarquía es una realidad nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de la fe», ha destacado el pontífice, quien ha hecho especial hincapié en el carácter colegial y de comunión de esta misión. No se ha olvidado de recordar que este servicio es un medio de salvación para el mundo, establecido desde el origen mismo de la comunidad de los redimidos.
Por último, ha concluido pidiendo al Señor que envíe a su Iglesia «ministros ardientes en la caridad evangélica» y misioneros valientes. En su saludo a los peregrinos de lengua española, ha animado a los fieles a rezar por los pastores, para que estén siempre dispuestos a «dar la vida por la grey a ellos confiada» y sean solícitos en el anuncio del Evangelio.








