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Tercer día de León XIV en Angola: «El camino que Dios ha abierto para nosotros nunca falla»

El Pontífice completó una intensa jornada en Angola, marcada por la cercanía con los ancianos, una misa multitudinaria en Saurimo y una llamada a la jerarquía eclesial para alejarse de los privilegios.

León XIV continúa su viaje apostólico por África, después de haber pasado por Argelia y Camerún. En su tercer día en suelo angoleño, el Santo Padre se trasladó desde la capital hacia el interior del país, a Saurimo, antes de regresar a Luanda para encontrarse con los representantes de la Iglesia local.

Sabiduría en la fragilidad

La jornada comenzó en Saurimo, donde el papa visitó una residencia para personas mayores. En este encuentro, cargado de emoción, el pontífice subrayó que el trato a los ancianos es el termómetro de una sociedad. Al dirigirse a los residentes, afirmó: «No olvidemos que a las personas mayores no sólo hay que asistirlas, ante todo hay que escucharlas, porque custodian la sabiduría de un pueblo». En un ambiente de cercanía, comparó el lugar con los hogares que visitaba Jesús, señalando que «Jesús habita también aquí, en esta casa» cada vez que reina el perdón y la ayuda mutua.

Una fe contra la opresión y la superstición

Posteriormente, ante unos 60.000 fieles congregados en Saurimo, León XIV presidió la Santa Misa. En su homilía, el papa reflexionó sobre la dignidad humana y los peligros que acechan a la fe auténtica. Advirtió contra el riesgo de convertir la religión en un «comercio supersticioso» o buscar a Cristo como si fuera un «amuleto» o un «gurú», señalando que existen «motivos equivocados para buscar a Cristo».

Con firmeza, el pontífice vinculó la resurrección con la liberación social, recordando que «toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad». Ante los males de la injusticia que corrompen los corazones, aseguró que «Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia». Asimismo, recordó la vocación de eternidad de cada ser humano al afirmar que «no hemos venido al mundo para morir» ni «para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma». Finalmente, alentó a los fieles a no dejarse llevar por las modas del momento, pues «el camino que Dios ha abierto para nosotros nunca falla».

Una Iglesia misionera

Por la tarde, de regreso en Luanda, el Santo Padre se reunió en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima con obispos, sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral. El papa elogió la labor de los laicos y la valentía de la Iglesia angoleña durante los años de conflicto, instándola a no dar un paso atrás en su compromiso social. «Promuevan, pues, una memoria reconciliada, educando a todos en la concordia», pidió a los líderes religiosos.

En su discurso, León XIV pidió coherencia y humildad a los agentes pastorales, instándolos a trabajar para salvar a los fieles de la «ilusión peligrosa de la superstición». Fue especialmente tajante al pedirles que mantengan la cercanía con los más necesitados: «No se alejen del pueblo, especialmente de los pobres, huyan de la búsqueda de privilegios». Con este encuentro, el papa reforzó la idea de una Iglesia que debe seguir denunciando el flagelo de la guerra para construir una sociedad angoleña «libre, reconciliada, hermosa y grandiosa».

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