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Visitar a los enfermos

Queridos diocesanos,
querida Iglesia de Urgell,

En este domingo celebramos la Pascua del Enfermo, en medio de la cincuentena pascual. La Iglesia nos recuerda al pueblo que vive en la enfermedad. Resonaría aquella frase de san Ignacio de Loyola: es necesario hacer redención. La vida debe gastarse para salvar y amar a quien tenemos al lado.

El Evangelio de este VI domingo de Pascua (Jn 14,15-22) nos invita a vivir y permanecer en el amor de Cristo: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

El amor cristiano es siempre un amor concreto y encarnado: “Estuve enfermo y me visitasteis…” y “¿cuándo te vimos enfermo?”. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, por pequeño que fuera, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,31-46).

El papa León XIV, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo del pasado 11 de febrero, afirmaba que amar de verdad no es solo sentir compasión, sino acercarse y cuidar de manera concreta. El enfermo necesita presencia, sentirse escuchado y acompañado realmente. La caridad cristiana implica gestos concretos. Cuidar a los enfermos es una misión importante para nosotros que nos sentimos Iglesia, y así podemos dar un testimonio a toda la sociedad. Por eso es tan de admirar la vocación del personal médico y sanitario, de los familiares, de los voluntarios… es un servicio que hace visible la misericordia de Dios e invita a los enfermos a vivir su situación con fe y esperanza y a ofrecer su dolor por la paz del mundo, en estos momentos de tanto sufrimiento y destrucción.

La 27ª celebración de la Pascua del Enfermo en nuestra diócesis nos invita a reflexionar sobre el tema del cuidado en la pastoral de la salud. La condición humana es frágil moralmente, espiritualmente, físicamente y mentalmente. Cuidar no es un verbo de lujo. Es esencial para existir. Hay cuidadores y cuidadoras que se rompen. ¿Y quién cuida a quien cuida? Cuidar no es solo dar, sino darse. Sin caer en buscarse a uno mismo, es necesario cuidar de nuestro cuerpo y de nuestra alma para poder cuidar a los demás. Las tradicionales cinco “C” del cuidador: compasión, competencia, confianza, conciencia, compromiso.

Aprovecho estas letras dominicales para invitaros a participar en el 46º peregrinaje diocesano a Lourdes, que tendrá lugar, si Dios quiere, del 25 al 27 de mayo. Será una buena ocasión para reencontrarnos como diócesis, acompañando a los enfermos, en torno a María, y poder presentar a la Madre de Dios la enfermedad, la edad avanzada, las preocupaciones y los anhelos que llevamos en el corazón.

El Santuario de Lourdes nos ofrece este cuidado del cuerpo y del espíritu. Allí, en brazos de la Virgen, nos sentimos hijos, somos Iglesia, familia de los hijos de Dios. Allí rezaremos y celebraremos nuestra fe. Con los enfermos ejercemos esa caridad que no muere nunca.

Os invito, pues, esta semana a visitar a algún enfermo, y os emplazo a acompañar a algún enfermo o persona mayor a la celebración de la Eucaristía del próximo domingo. Con el deseo de encontrarnos en el Santuario de la Virgen de Lourdes muy pronto, vuestro obispo y servidor,

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