León XIV advierte contra el «naufragio silencioso» de la indiferencia y define la acogida como un proceso recíproco en San Cristóbal de La Laguna ante la Red de Hospitalidad Atlántica.
En el último día de su visita, el Papa ha tenido un encuentro con las realidades de integración de los migrantes en San Cristóbal de la Laguna. Ante una representación de organizaciones eclesiales, civiles y delegaciones de la Red de Hospitalidad Atlántica —que agrupa a diez países de España y África—, el Pontífice ha lanzado una advertencia a quienes se lucran con la desesperación humana y ha instado a la sociedad europea a superar las «barreras de la mirada y del miedo» para evitar un «segundo naufragio» de los migrantes tras su llegada.
Tras la presentación del obispo de la diócesis, Monseñor Eloy Santiago, el acto se ha estructurado en torno a testimonios que han conmivido a los asistentes. El sacerdote Darwin Rivas ha relatado la crudeza del servicio en la isla de El Hierro, seguido por los testimonios de superación de un joven senegalés acogido por la Fundación Canaria El Buen Samaritano, un joven marroquí acompañado por la Fundación Don Bosco Salesianos y una mujer colombiana que ejerce como voluntaria en Cáritas.
El «naufragio silencioso»
Inspirándose en la fisonomía de San Cristóbal de La Laguna, urbe conocida por carecer de fortificaciones, León XIV ha remarcado que «las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra; a veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia». El Papa ha desgranado, así, la diferencia fundamental entre la asistencia básica y el horizonte de la plena inserción social: «La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro». Ha alertado además contra el olvido que sufren las víctimas una vez que consiguen tocar tierra firme, denunciando que las pérdidas en las rutas marítimas representan un fracaso absoluto para la familia humana.
Por otra parte, no ha querido olvidarse de la situación que muchos viven después. «Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio», ha señalado.
En este sentido, ha matizado que el proceso integrador es un «camino recíproco» que dista tanto de la asimilación cultural como de la creación de guetos paralelos. Quien llega debe respetar las leyes y costumbres locales, mientras que la sociedad receptora está llamada a ensanchar su propia casa «sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro», reconociendo ante todo a «personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar».
La denuncia de León
Dirigiéndose explícitamente a quienes convierten la desesperación en un negocio, el Pontífice ha exigido su conversión inmediata y el fin de sus actividades criminales.
«Desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro».
León XIV ha recordado a estas organizaciones delictivas que habrán de «comparecer ante la justicia divina» por cada vida truncada, cada familia engañada y cada cuerpo sometido, exigiéndoles que rompan las cadenas, liberen a quienes tienen bajo su dominio y reparen el daño causado mientras queden vías para la misericordia.
Finalmente, el Papa ha expresado su gratitud a Cáritas diocesana, a las delegaciones eclesiales de migraciones y a la Red de Hospitalidad Atlántica por «caminar con los que caminan» más allá del primer auxilio. Al término de su discurso, el Pontífice ha abandonado la plaza, iniciando el recorrido en papamóvil hacia la Explanada Portuaria de Los Llanos para la celebración de la Eucaristía de despedida de la isla.








