MARSODETO es una federación que integra a diversas asociaciones dedicadas a la atención de
las personas con discapacidad. Quiero reconocer la inmensa labor que realizan sus familias,
voluntarios, profesionales e instituciones, que se entregan generosamente al servicio de estas
personas. Confieso con humildad que el tiempo compartido con ellas me ha enriquecido profundamente. Todo lo que he aprendido de ellas y el testimonio de sus vidas me ayudan a contemplar la existencia desde una escala de valores diferente, donde lo verdaderamente importante es el amor, la entrega y la dignidad de cada persona.
Nació gracias a la iniciativa del sacerdote don Marcelino Casas y de un grupo de laicos comprometidos que quisieron responder a las necesidades de las personas con discapacidad y de sus familias.
Desde entonces, la federación ha desarrollado una admirable labor de apoyo, acompañamiento e integración, ofreciendo un servicio imprescindible a muchas personas que, con demasiada frecuencia, siguen siendo olvidadas por la sociedad e, incluso, por las administraciones públicas.
- El Papa León XIV recibirá a MARSODETO en Roma. Con motivo del 46.º aniversario de
su fundación, León XIV ha acogido con cercanía la petición de recibir a una representación de la federación en Roma durante el próximo mes de agosto. Es un reconocimiento a tantos años de servicio silencioso en favor de las personas con discapacidad y de sus familias. Quiero expresar también mi gratitud a las familias, que con su constancia, entrega y generosidad hicieron posible este encuentro con el Santo Padre, mostrando una vez más su confianza en la Iglesia y en el Sucesor de Pedro.
- La Iglesia apuesta decididamente por las personas con discapacidad y por su plena
integración. La Iglesia ha defendido siempre la dignidad inviolable de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. La Doctrina Social recuerda que nadie puede ser excluido ni considerado menos valioso por causa de sus limitaciones físicas, psíquicas o sensoriales. Las personas con discapacidad no solo necesitan nuestro apoyo, sino que enriquecen a toda la comunidad. Su presencia nos invita a construir una sociedad más humana, donde no prevalezca la ley del más fuerte, sino la cultura del encuentro, del cuidado y de la solidaridad. Agradezco al papa León XIV su sensibilidad y su cercanía hacia las personas con discapacidad y hacia quienes las acompañan cada día. Su acogida nos anima a seguir construyendo esa «civilización del amor» de la que hablaba san Pablo VI y que desarrolló con tanta fuerza san Juan Pablo II.
- Las personas con discapacidad son un don para la Iglesia y para la sociedad. El
Evangelio nos enseña que el valor de una persona no depende de su capacidad de producir, de su autonomía o de su éxito, sino del amor con que Dios la ha creado y la sostiene. Las personas con discapacidad nos recuerdan esta verdad esencial con una fuerza extraordinaria. Ellas ocupan un lugar privilegiado en el corazón de Cristo y están llamadas a participar plenamente en la vida de la Iglesia. No son únicamente destinatarias de nuestra atención pastoral, sino auténticos protagonistas de la evangelización, porque con frecuencia nos evangelizan a nosotros mediante su sencillez, su capacidad de entrega y su testimonio de esperanza. Por ello, nuestras comunidades cristianas están llamadas a derribar
cualquier barrera que dificulte su participación, favoreciendo una auténtica inclusión en la vida litúrgica, catequética y comunitaria. Una Iglesia verdaderamente sinodal es aquella en la que todos caminan juntos y en la que cada persona, con los dones que Dios le ha concedido, encuentra su lugar y contribuye a la edificación del Cuerpo de Cristo. En nuestra Archidiócesis seguimos caminando en el Sínodo con la mirada puesta en el amor primero, fuente de toda renovación eclesial y de toda auténtica evangelización.
Que la próxima visita de MARSODETO al Santo Padre sea un motivo de esperanza para todas las familias y un estímulo para seguir trabajando por una sociedad más justa, más fraterna y más acogedora, donde toda vida sea respetada, valorada y amada como un precioso regalo de Dios.







