Libertad y comunión han sido dos de las principales claves del paso del Papa por la República de San Marino, la más antigua del mundo
Siguiendo la estela de Juan Pablo II en 1982 y de Benedicto XVI en 2011, el papa León XIV ha viajado el sábado 22 de agosto a la República de San Marino, la más antigua del mundo. Una visita de unas pocas horas, en las que se ha encontrado con las autoridades civiles, pero también con la comunidad eclesial que peregrina en este pequeño país.
Su estancia comenzó con un discurso dirigido a la sociedad civil, centrado fundamentalmente en la libertad, lema de San Marino. «No existe verdadera libertad civil sin libertad personal, es decir, sin el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana, de la que la libertad es un componente esencial. Esta libertad es donada y garantizada, en última instancia, por Dios, cuya voz resuena en la conciencia de todo ser humano», comenzó el Pontífice, tras poner en valor los lazos que unen al país con la Santa Sede.
Como consecuencia de esta afirmación, León XIV ha recordado que promover la libertad implica defender los espacios de conciencia. Y ha reconocido que hoy, como en otras épocas, hay mártires de la libertad porque testimonian el primado de la conciencia, permaneciendo fieles a ella «incluso en contextos de fuerte adversidad». Como ejemplo, ha citado a Tomás Moro.
Otra idea importante expresada por el Papa es que la libertad «se realiza en el don, en la comunión, en el encuentro y en el diálogo». Y ha añadido: «Es como una planta que crece y produce ramas y hojas para ofrecer a todos oxígeno, sombra, perfume, frutos y nuevas semillas. ¿Y cómo podría ser de otro modo, si brota de la fuente que es el Amor Uno y Trino? Podrá parecer excesiva esta referencia teológica, pero creo que hoy es necesaria, frente a la idolatría que corrompe de raíz aquellos proyectos políticos y económicos que se presentan en nombre de la libertad, pero que en realidad son esclavos de los ídolos y del poder»
León XIV ha alabado asimismo la estima de San Marino por la diplomacia y por el multilateralismo «como vías privilegiadas para cultivar las relaciones internacionales y promover el entendimiento entre las naciones» y ha reiterado, como ya hiciera en Mónaco, el valor de un Estado pequeño, «en el que es posible experimentar la cercanía de la política a las necesidades de los ciudadanos y, por tanto, una democracia más efectiva, tanto más si está animada también por la inspiración cristiana»…
«La República de San Marino puede ser un laboratorio de buena política, donde, sin renunciar a la laicidad del Estado, se puede recurrir a los principios de la doctrina social católica: la búsqueda del bien común, el destino universal de los bienes, la armonía de subsidiariedad y solidaridad, la justicia social», ha sentenciado.

Con la comunidad eclesial
A la conclusión del encuentro, celebrado en el Palazzo Pubblico, León XIV ha saludado a los fieles que se encontraban en el exterior, en la plaza de la Libertad, y se ha dirigido a la basílica de San Marino para encontrarse con la comunidad eclesial. Nada más llegar, saludó al obispo de San Marino-Montefeltro, Domenico Beneventi, adoró al Santísimo Sacramento y veneró las reliquias de San Marino.
En su alocución, se dirigió en primer lugar a los más jóvenes, a los que pidió, como ya hiciera Benedicto XIV, no quedarse en lo inmediato, en lo fácil, en lo cómodo… «Seguid con la mirada del alma los senderos trazados en vosotros por los grandes deseos de belleza, de bondad y de vida que lleváis en el corazón. Si observáis atentamente sus recorridos y escucháis su voz, os llevarán a lo alto, al encuentro con Dios, allí donde él os busca y os espera; y con su ayuda vuestros sueños tendrán la fuerza de incidir en la historia y mejorarla», afirmó.
También les ha pedido que abracen con entusiasmo su misión en el mundo: «Hacedlo, ante todo, tratando de entender cuál es la llamada para vosotros, única para cada uno, y de apreciar su grandeza. Y luego entregaos en ella, invirtiendo sin reservas toda la riqueza de los dones que Dios os ha concedido. No tengáis miedo de hacer elecciones exigentes, como el matrimonio, la consagración, el ministerio ordenado, la vida profesional, el compromiso social y político; preparaos del mejor modo posible para las responsabilidades que os esperan».
Ha tenido palabras para sacerdotes, catequistas, educadores y familias, a quienes ha agradecido su esfuerzo en la transmisión de la fe. Y dio unas pautas: difundir la belleza y el gusto de la vida bautismal y sacramental y cuidar la liturgia y la formación de los fieles para vivirla de modo coral. «Nosotros creemos que el Evangelio es camino de libertad para los hombres y las mujeres de todo tiempo, y que en Jesucristo y en su Palabra encuentran sentido y respuesta definitiva las alegrías, las heridas y las preguntas más profundas de la humanidad», ha añadido.
Ante la situación que vive el mundo, con numerosos conflictos en curso, ha reiterado que la respuesta de los creyentes no ha de ser otra que la de caminar con mayor convicción por la vía del Evangelio.
Y ha concluido su intervención con lo más importante: la comunión: «Demos, en nuestras comunidades, testimonio de unidad: entre las parroquias y, en su interior, entre pastores y fieles, entre los diversos carismas y ministerios. También esto forma parte del patrimonio de Evangelio vivido que los santos Marino y León nos han dejado, y de la misión que tenemos de continuar con constancia y dedicación haciendo crecer lo que ellos comenzaron».
Antes de poner rumbo a Rímini, el Pontífice se ha dirigido a los jóvenes que lo esperaban en el exterior de la basílica. Para ellos ha tenido un mensaje especial: «Reconoced en vosotros mismos el valor de la vida. El valor de tu vida, de ti que has sido creado por Dios, amado por Dios: tu vida tiene tanto valor, para nosotros, para la Iglesia, para tu familia, para todo el mundo. Creed en lo que Dios ha creado, porque todos sois hijos e hijas de Dios y Dios os ama. Sed generosos, estad siempre abiertos al servicio a los demás, buscad formar auténticas amistades: en la amistad podemos formar comunidad».







