“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16)
- Simón sintió miedo al caminar hacia Jesús sobre las aguas, pero ahora lo confiesa como el hijo de Dios. ¿Qué nos impide dar el paso de la incertidumbre a la fe?
- Evocando nuestra experiencia personal, ¿podemos ver si se da también en nuestras vidas un avance semejante en la vivencia de la fe?
- Si hemos aceptado a Jesús como nuestro Señor y Salvador, ¿no hemos caído alguna vez en la tentación de atribuirnos a nosotros mismos ese conocimiento?
- Si reconocemos a Jesús como el Hijo de Dios vivo, ¿estamos dispuestos a confesar esa fe en los ambientes sociales, laborales o académicos en los que nos movemos?
- Reconocer a Jesús como el Hijo de Dios vivo, ¿qué exigencias habrá de comportar para nuestras familias y para nuestras comunidades cristianas?
- ¿Estamos convencidos de que la profesión de nuestra fe nos exige estar dispuestos a ponernos al servicio de nuestros hermanos?
- Me impresiona esa confesión de fe, tan humilde como decidida: “Señor Jesús, tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. ¿La he introducido yo en mi oración personal?





