El título de esta carta quiere expresar la llamada que el Señor nos hace como Iglesia diocesana. Una llamada decidida, contundente, a levantarnos, a avanzar con esperanza y a emprender juntos un nuevo camino pastoral. Por eso, quiero invitaros de corazón a participar en lo que me gustaría llamar “La fiesta de la diócesis”. Así sueño que sea la Jornada de Presentación de nuestro nuevo Plan de Pastoral Diocesano, que celebraremos el próximo sábado 26 de septiembre, a partir de las 10:00 horas, en el Seminario Diocesano. Será una jornada importante para toda la diócesis, quiero que sea de verdad una fiesta de la Iglesia que peregrina en Navarra. Nos acompañará el arzobispo de Madrid, cardenal D. José Cobo Cano, a quien agradezco de corazón su disponibilidad para estar con nuestra Iglesia en este momento tan significativo.
Hasta llegar a este momento hemos vivido un recorrido largo, han sido dos años. Un tiempo de escucha, diálogo, reflexión, debate, oración y discernimiento. Un tiempo en el que hemos analizado nuestra Iglesia diocesana, reconociendo nuestras lagunas, nuestras heridas, pero también los desafíos que tenemos ante nosotros y descubrir también tantos signos de vida, de fe y de esperanza que existen en nuestras comunidades. ¡Hay mucha vida en nuestra Iglesia diocesana! Algo en lo que quiero insistir es que este Plan Pastoral Diocesano no es del obispo, tampoco de los vicarios episcopales, ni siquiera de los sacerdotes. No hemos querido hacer un Plan para la diócesis sin contar con la diócesis. Es un Plan de todos y para todos, a través del Consejo Diocesano de Pastoral en el que han participado laicos, miembros de la vida consagrada, sacerdotes y numerosos agentes pastorales. Muchas personas han ofrecido generosamente su tiempo, su experiencia, su palabra y su oración.
Este Plan es una llamada a todos: sacerdotes y diáconos, vida consagrada, laicos, familias, jóvenes y mayores. A todos los que prestáis algún servicio pastoral en nuestra diócesis y a todos los que formáis parte de nuestras parroquias, delegaciones, comunidades, movimientos y asociaciones. Todos estamos invitados. Todos somos necesarios. Todos tenemos un lugar en este camino. El papa Francisco nos recordó muchas veces que la Iglesia está llamada a ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que aprende a «caminar juntos», a escucharse y a discernir. No se trata simplemente de un plan pastoral, sino de un estilo de vida y de una vida comprometida. Es una manera de comprender que todos, desde nuestra vocación y responsabilidad, estamos llamados a participar en la vida y en la misión de la Iglesia. Quiere ayudarnos a escuchar de nuevo la voz del Señor que nos dice: «¡Ponte en camino!».
Un Plan que busca la comunión. Ante la diversidad de carismas. vocaciones y sensibilidades, se busca “que todos sean uno” (Jn 17,21) La comunión no significa que todos tengamos que ser iguales. Significa que aprendemos a reconocernos hermanos. La comunión nos lleva a la participación. Cada uno tiene un don. Cada uno tiene una vocación. Cada uno puede aportar algo que los demás necesitan. Participar no es ocupar espacios, sino asumir tareas como protagonista. La comunión y participación nos lleva a la misión, «id y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19). No somos una Iglesia para nosotros mismos. Estamos llamados a salir al encuentro de quienes están lejos. Acercarnos a los que sufren. Escuchar a quienes buscan. Acompañar a las familias. Dar espacio a los jóvenes. Estar cerca de los pobres. Y, sobre todo, ser comunidades de puertas abiertas para acoger a todo el que llame a nuestra puerta.
Decir con determinación que ¡ha llegado la hora! es afirmar y comprometerse porque ¡es el momento! Después de dos años de trabajo y elaboración, llega ahora el momento de comenzar. El día 26 de septiembre presentaremos el Plan, pero no podemos pensar que ese día termina el camino. Al contrario: ese día comienza una nueva etapa. El Plan tendrá vida cuando llegue a nuestras parroquias, comunidades, movimientos. Cuando sea conocido, rezado, discernido y concretado por todos. Cuando nos ayude a tomar decisiones con valentía y sin miedo.
Hay situaciones en la vida de las personas y de las comunidades en los que se hace necesario detenerse, escuchar y preguntarse hacia dónde quiere conducirnos el Señor. Creo que este es uno de esos momentos para nuestra Iglesia de Pamplona y Tudela. ¡Ha llegado la hora! de dar un paso adelante, de asumir compromisos, de salir de nuestra zona de confort, de superar lamentos sin hacer nada, de hacer críticas sin presentar alternativas. ¡Ha llegado la hora! de coger nuestro Plan Pastoral Diocesano y mirar nuestra diócesis, y hacerlo vida.
Os pido que acojamos este Plan con un corazón abierto. No pensemos que es una carga más; yo lo veo, más bien, como un regalo a la diócesis. Es una oportunidad que Dios nos ofrece para renovar nuestra Iglesia diocesana y también nuestro corazón. Todo esto no puedo hacerlo solo. ¡Ponte en camino! ¡Ha llegado la hora! Y para esto y sobre todo ¡cuento contigo!





