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AD IESUM PER MARIAM

En medio del ritmo acelerado de la ciudad, de las preocupaciones cotidianas y de los retos que afronta nuestra sociedad, celebraremos en breve la solemnidad de la Virgen de la Merced, que nos recuerda que María sigue siendo una madre que nos escucha, nos acompaña y nos acerca a Jesucristo.

La celebración de la Virgen de la Merced no es sólo una fiesta popular muy querida, sino la expresión de fe de un pueblo. María nunca quiere ser el centro de las miradas, quiere que cuando la miremos veamos siempre a su hijo. Su vida entera es un camino que lleva a Dios. Por eso, celebrar la patrona de Barcelona es también renovar nuestro deseo de seguir a Jesús con más fidelidad.

María nos enseña que la felicidad se encuentra en la entrega generosa a Dios ya los demás. Ella nos muestra con su «sí» generoso que sólo quien se pone libremente en manos del Señor encuentra la verdadera alegría. Ella no duda en visitar a su prima Isabel cuando cree que necesita ayuda. Ella actúa siempre por un amor extremo a los demás, como hace su hijo. Ella se presenta humildemente como «la esclava del Señor», siempre dispuesta a cumplir la voluntad de Dios. Confía en Dios, incluso cuando no entiende por completo los caminos que le propone.

María nos enseña el mejor camino para acercarnos a Jesús. Realmente ella es el camino más corto y seguro, porque nos lleva hacia Él. Nos lleva con su testimonio y ejemplo, con su humildad, bondad, generosidad y alegría, y también con su constante intercesión. Esto queda bien resumido en el lema latino “Ad Iesum por Mariam” (hacia Jesús por medio de María).Se trata de una expresión tradicional de la espiritualidad católica, especialmente vinculada a san Luis María Grignion de Montfort (1673-1716) ya su obra Tratado de la verdadera devoción a la Santísima conducirnos a una unión cada vez más profunda con Jesucristo. Este lema honra a María como Madre de Jesús y nos recuerda que Dios quiso venir al mundo por medio de ella.

El evangelista Lucas expresa el agradecimiento de María hacia Dios. Ella se siente bienaventurada, inmensamente feliz. María es feliz porque reconoce la grandeza de Dios y cree en Él con todo el corazón. Se siente profundamente amada por Dios. María es la primera discípula de Jesús. Ella acoge la Palabra de Dios, la medita y es testigo de ello con su vida.

Estimados hermanos y hermanas, la fiesta de la Virgen de la Merced es una oportunidad privilegiada para renovar nuestra esperanza. Pongámonos bajo su protección. Que ella nos ayude a mirar a Jesús con sus ojos, a confiar en ellos sin reservas. Ojalá nos haga descubrir que sólo en Dios se encuentra la felicidad que buscamos sin descanso.

María, tú que fuiste fiel hasta el extremo, fiel a la cruz, fiel a Jesús, guía nuestros pasos. Bajo tu manto no tenemos miedo. María, gracias por recordarnos la importancia de cuidar de quienes más sufren, especialmente de quienes están privados de libertad y de quienes viven encadenados a las adicciones ya la desesperanza. Virgen de la Merced, ruega por nosotros y acompáñanos siempre con tu amor maternal.

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