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El Papa recibe a la Pontificia Academia de las Ciencias y reclama una ciencia «ambiciosa pero humilde»

León XIV repasa las promesas y los riesgos de la inteligencia artificial y alerta de que la crisis climática golpea «con más fuerza a los pobres»

El papa León XIV ha advertido este jueves de que «el progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica» y ha pedido que el avance científico vaya acompañado de «un crecimiento correspondiente de la responsabilidad». Lo ha dicho en la audiencia a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, que celebran en el Vaticano su sesión plenaria sobre «El futuro de la ciencia en un mundo que cambia».

El Pontífice ha agradecido la organización del encuentro al canciller de la Academia, el cardenal Peter Turkson, y a su presidente, Joachim von Braun. Ha calificado el tema de «oportuno». Para explicarlo ha citado su encíclica Magnifica humanitas, que constata «cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando nuestro mundo».

Promesas y riesgos de la inteligencia artificial

León XIV ha reconocido que, aunque su impacto «sigue siendo incierto», estas herramientas «nos dan motivos para esperar un futuro más luminoso para la humanidad». Entre sus posibles frutos ha señalado avances en medicina, mejores diagnósticos y tratamientos, sistemas alimentarios y energéticos más sólidos y «nuevas posibilidades para la creatividad y la cooperación humanas».

Pero, «precisamente porque estos avances encierran tales promesas», ha pedido reconocer también sus riesgos. La inteligencia artificial «puede utilizarse para la vigilancia, la manipulación y la discriminación», ha advertido. Las capacidades cibernéticas avanzadas y las armas autónomas pueden además suponer «nuevos peligros para la seguridad y la paz internacional» si se desarrollan «sin salvaguardas adecuadas ni supervisión humana». Ha recordado también que los sistemas actuales de IA «requieren enormes cantidades de energía y agua» e influyen de forma significativa en las emisiones de dióxido de carbono.

A su juicio, toda tecnología refleja «una determinada comprensión de la persona humana, de la sociedad y del futuro que deseamos construir». Por eso, «cuanto mayor es nuestro poder para transformar el mundo, mayor debe ser nuestra capacidad de discernir lo que de verdad sirve a la dignidad humana que Dios nos ha dado».

El clima, «una cuestión de justicia»

El Papa ha dicho que esa exigencia de responsabilidad es «especialmente urgente ante el cambio climático». Ha enumerado olas de calor, sequías, inundaciones, tormentas e incendios cada vez más frecuentes e intensos. Ha recordado, con Laudato si’, que sus efectos recaen «con más fuerza sobre los pobres» y sobre quienes viven directamente de la tierra, los bosques y los océanos.

«La cuestión climática no es solo un desafío ambiental, es fundamentalmente una cuestión de justicia, de dignidad humana y de solidaridad entre los pueblos y las generaciones», ha afirmado. Ha advertido que no basta con reaccionar cuando el desastre ya ha ocurrido. «Necesitamos pasar de la respuesta a la emergencia a la prevención, de la vulnerabilidad a la preparación y de las medidas a corto plazo a una visión sabia y de largo alcance para la humanidad», ha dicho.

Para lograrlo, León XIV considera «indispensable» la cooperación entre científicos, ingenieros, economistas, médicos y científicos sociales, junto con las comunidades locales y los responsables políticos. «Los desafíos de un clima cambiante atraviesan todas las fronteras entre disciplinas, instituciones y naciones, y nuestra respuesta debe atravesarlas también», ha subrayado. Ha valorado además las cumbres sobre resiliencia climática que la Academia organiza desde hace dos años junto con la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Estas cumbres reúnen a jóvenes, autoridades, sociedad civil y miembros de distintas tradiciones religiosas. El Papa ha animado a los académicos a «continuar por este camino».

Al terminar, ha pedido una cultura científica «ambiciosa pero humilde, rigurosa pero abierta al diálogo, innovadora pero responsable» y que incluya a «quienes están en mayor riesgo y más lo necesitan». Así, ha concluido, la colaboración científica, «como bien público al servicio de la paz», podrá seguir centrada en la dignidad humana, el bien común y el cuidado de la creación.

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