La Jornada del DOMUND, que vamos a celebrar el próximo domingo, se ha convertido en una verdadera escuela de vida cristiana. En nuestro recuerdo está muy presente todo lo que el DOMUND nos ha ayudado a tantas generaciones: huchas, testimonios, revistas y concienciación para la vivencia de la misión.
Este año celebramos algo especialmente significativo: cien años del Domingo Mundial de las Misiones. En 1926, el papa Pío XI, a propuesta de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, instituyó esta Jornada para que toda la Iglesia rezara, reflexionara y colaborara con la misión evangelizadora. Se han pasado cien años y esta intuición ha sido muy provechosa y beneficiosa en nuestra Iglesia. ¡Cuántos frutos ha dado y sigue ofreciendo! Me alegro mucho y elevo mi Magnificat a Dios nuestro Salvador.
El papa León XIV nos propone para este aniversario un lema que es una síntesis y un programa para la vida misionera: «Uno en Cristo, unidos en la misión». La misión nace de la comunión con Cristo. Conduce necesariamente al encuentro con los demás. Somos misioneros por nuestro bautismo y porque hemos encontrado a Jesucristo en la Iglesia. Esto nos urge y nos mete prisa. Al acercarnos a estos cien años, quisiera destacar tres grandes realidades que el sueño del DOMUND ha ido sembrando en la Iglesia y en nuestro mundo:
- Un ardor misionero que no puede apagarse. El DOMUND nos recuerda cada año que la misión es de todos. Somos enviados. Durante estos cien años hemos aprendido a mirar más allá de nuestras comunidades y de nuestras parroquias. La Iglesia es universal. La fe que hemos recibido gratuitamente está llamada a ser compartida.
Detrás de cada campaña del DOMUND hay rostros concretos y comunidades enteras que han aprendido a sentirse responsables de la misión. El Papa León XIV en el mensaje nos dice que «ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión; todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia». Que importante es descubrir que la evangelización es una acción comunitaria y sinodal. - Sensibilizar: «hagamos la redención». El segundo gran fruto ha sido sensibilizar nuestro corazón ante la necesidad de la misión. La misión nos hace comprender que todos podemos participar en la obra de la Redención. Estamos llamados a colaborar con Él. Dios ha querido contar con nosotros para llevar su amor, su misericordia y su Evangelio hasta los confines de la tierra.
Una Iglesia que pierde la sensibilidad misionera corre el riesgo de encerrarse sobre sí misma. Una Iglesia que conserva el ardor misionero permanece abierta al mundo porque tiene el corazón abierto a Cristo. Esto lo pido constantemente para nuestra Iglesia en Toledo. - Construir y edificar una civilización nueva. La tercera realidad que quisiera señalar es quizá la más profunda: el DOMUND ha contribuido a construir y edificar una civilización nueva desde el Evangelio. Anunciar a Cristo significa llevar a cabo que todo lo humano es elevado y dignificado.
Jesucristo es el gran tesoro que hemos de custodiar y manifestar para que vivamos de lo único necesario. No nos perdamos a Jesús y no nos perdamos cómo nos enseña a vivir y a amar.
La Iglesia anuncia a Jesucristo, acompaña, educa y genera esperanza. Los misioneros son, y en estos cien años lo comprobamos, verdaderos constructores de comunidades. La obra más grande es ayudar a descubrir que cada persona tiene una dignidad recibida de Dios y que nadie está excluido de su amo
La Iglesia anuncia a Jesucristo, acompaña, educa y genera esperanza. Los misioneros son, y en estos cien años lo comprobamos, verdaderos constructores de comunidades. La obra más grande es ayudar a descubrir que cada persona tiene una dignidad recibida de Dios y que nadie está excluido de su amor.
Hago mías las palabras que el Papa León XIV en su mensaje hace y que pido para nuestra archidiócesis. «Al admirar a los misioneros y misioneras, hago un llamamiento especial a toda la Iglesia: unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones».




