León XIV, que recibió el alta el sábado, anuncia en el Ángelus que retomará gradualmente sus actividades y dedica su reflexión al pasaje del tributo al César
León XIV rezó el domingo, 18 de octubre, el Ángelus desde la ventana de su estudio, un día después de abandonar el Policlínico Gemelli de Roma, donde fue operado el pasado 13 de octubre para extirparle un tumor en el pulmón derecho. Tras la oración mariana, el Pontífice dio las gracias a quienes rezaron por él durante su hospitalización y anunció que, superada esta «delicada etapa», volverá poco a poco a su agenda habitual.
«Deseo agradecer a todos los que en estos días han orado por mí. Realmente he sentido su apoyo, ¡gracias!», dijo el Papa, que quiso expresar también su «especial agradecimiento a los médicos, enfermeros y a todo el personal del Policlínico “Gemelli”». León XIV explicó que esta experiencia le ha hecho sentir «de manera especial la cercanía con quienes atraviesan la enfermedad y una condición de dolencia», y aseguró que retomará «gradualmente» sus actividades, «siempre con la ayuda de Dios y de sus oraciones».
Lo que es del César y lo que es de Dios
En su reflexión previa al Ángelus, el Papa comentó el Evangelio del día (Mt 22,15-21), que recoge una de las enseñanzas más conocidas de Jesús, «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!», e insistió en la importancia de situarla en el contexto en que fue pronunciada. León XIV recordó que los fariseos buscaban hacer caer a Jesús con una pregunta polémica sobre el tributo, y que la respuesta del Maestro, «astuta» en sus palabras, le permitió esquivar la trampa y al mismo tiempo «desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer».
Para el Pontífice, en Jesús se contempla «a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella». Su Reino, explicó, «no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas», pero pide vivir «sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos», anteponiendo el Reino de Dios y su justicia.
El Papa se detuvo también en el elogio que los propios adversarios dirigieron a Jesús, aunque movidos por malas intenciones, cuando le reconocieron que era sincero, que enseñaba con fidelidad el camino de Dios y que no se dejaba influir por nadie. Ese es, a su juicio, «precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”», que resumió en «ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien».
Cien años del Domund
Tras la oración, León XIV recordó que el domingo se celebraba la centésima Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, e invitó a pensar «en cuánta historia misionera ha habido en estos cien años». El Papa pidió rezar para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato de Cristo resucitado de ir por todo el mundo y proclamar la Buena Noticia a toda criatura, recogido en el Evangelio de Marcos (Mc 16,15).





