Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

La santidad es para todos

Comenzamos el mes de noviembre con la fiesta de Todos los Santos y el día 6 celebramos en España la memoria de los mártires del siglo XX, que reúne a más de 2.053.

La santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una llamada que recibimos con el bautismo a ser santos y misericordiosos como el mismo Dios es santo y misericordioso. Santo es quien se parece a Jesús, en quien se ha manifestado el amor de Dios en toda su plenitud. Si la perfección en la caridad es la meta de santidad, el martirio –como testimonio supremo de fe y de amor– es el nivel más alto y el paradigma de toda santidad. Todos los santos, por uno u otro camino, entregan la propia vida por amor.

Como muchos de ellos, quizás nosotros tampoco lleguemos al derramamiento de sangre, pero –como dice el concilio Vaticano II– hay circunstancias de la vida que nos unen de una forma especial a la pasión de Cristo, “la pobreza, la enfermedad, el sufrimiento, la persecución por la justicia… Todos aquellos a quienes el Señor llama bienaventurados” sufren sin buscarlo y lo ofrecen por él y como él, sin condenar ni maldecir (LG 41).

En la pasión de Cristo encontramos tres características que pueden santificar también nuestra vida a imitación y seguimiento del Señor:

1. Aceptar la fragilidad humana: Cristo murió con lágrimas en los ojos, sudó sangre en Getsemaní, se cayó tres veces bajo el peso de la cruz y necesitó la ayuda del Cirineo para poder llevarla hasta el final. Los santos no son héroes a los que admirar, sino hermanos como nosotros, débiles, con temores, con caídas. En el caso de los mártires no fueron suicidas que buscaran la muerte. Se escondían y tenían miedo. En la santidad y en el martirio, Dios hace de nuestra fragilidad humana su propio testimonio. Los santos no son héroes de este mundo. Muchas veces han pasado por la prueba de aceptar humillaciones y encajar fracasos en la vida.

2. Vencer al odio con amor: Jesús murió perdonando y para perdonarnos: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. La violencia que sufrió no consiguió apagar el amor de su corazón. En esto consiste el heroísmo cristiano. Si ningún santo cristiano puede entregar su vida de forma altanera, desafiando y provocando su propia muerte, tampoco lo puede hacer renegando de su suerte o maldiciendo a sus verdugos. En muchos casos las últimas palabras de los santos cristianos son para pedir la conversión de sus verdugos, bendiciéndolos o repitiendo las palabras de Jesús: Padre, perdónalos. A veces incluso sabemos que esta oración postrera fue escuchada. El centurión, que asestó el golpe de gracia a Jesús con la lanza en el costado, fue el primer perdonado y converso: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

3. Confiar siempre en Dios: Es la tercera nota de la pasión de Jesús y de la vida entregada de sus discípulos: “A tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu. Dicho esto, expiró” (Lc 23,46). Jesús puso su vida en las manos del Padre, con esperanza, no con desesperación. Esto es una característica propia del mártir cristiano, cuya fragilidad extrema no se traduce en amargura sino en mayor confianza en Dios. Ningún santo sería canonizado si hubiera muerto con signos de desesperación. La entrega de la propia vida como Jesús, podríamos decir que es la vía rápida, instantánea, de la salvación, de alcanzar la resurrección con Cristo habiendo compartiendo con él la muerte: “Si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él” (2 Tim 2, 11-12). Palabras que se hicieron realidad por primera vez en el buen ladrón, crucificado junto a Jesús compadeciendo con él. A pesar de la vida anterior probablemente perdida, recibió la promesa: “Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43).

Todos podemos ser santos, todos podemos imitar la entrega de la vida de Cristo si tomamos nuestra cruz de cada día y aceptamos con humildad nuestra pequeñez, si somos capaces de perdonar de corazón al que nos ofenden y si ponemos esperanza en Dios que es el único que capaz de sacar bien del mal, de convertir nuestro luto en danzar y de llamar a la vida a los que ha muerto.

Con mi bendición,

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now