En su catequesis de la audiencia general, el Papa ha rechazado las posturas de hostilidad hacia el mundo moderno
Durante la audiencia general celebrada este miércoles en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV ha dedicado su catequesis al análisis de los documentos del Concilio Vaticano II, siguiendo en esta ocasión con la Constitución pastoral Gaudium et spes y el vínculo indispensable entre la fe cristiana y las expresiones culturales. Al dar la bienvenida a los miles de peregrinos congregados, el Santo Padre ha dejado claro el punto de partida, pues «el Concilio Vaticano II no podía dejar de hablar de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana».
El Pontífice, así las cosas, ha situado el núcleo de su discurso en el misterio fundamental del cristianismo, explicando que «la relación entre la fe y la cultura encuentra su fundamento principal en la Encarnación: si la Palabra divina se hizo carne y habitó entre nosotros, también la fe es una realidad encarnada, entretejida con la cultura en la que está inmersa». León XIV ha remarcado que la vivencia cristiana está llamada a penetrar la existencia cotidiana a través de «palabras humanas, tradiciones, sentido religioso, arte y poesía, pensamiento y ciencia». En este contexto, ha rescatado las célebres palabras de san Juan Pablo II para recordar que «una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida».
En su catequesis, el Papa ha puesto de relieve el carácter universal de la Iglesia, precisando que «la fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica de manera específica con ninguna de ellas». La fe, según ha explicado, habita en las culturas y las transforma desde su interior «según la “forma” de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios».
De este modo, y citando textualmente el documento conciliar, el Pontífice ha destacado que, al estar la Iglesia «enviada a todos los pueblos sin distinción de épocas y regiones, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o nación alguna, a algún sistema particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente». Esta apertura le permite establecer una comunión fecunda que «enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas».
Haciendo un repaso histórico, el Santo Padre ha remarcado el compromiso de la Iglesia con la educación, recordando que «las universidades medievales nacieron, como sabemos, en el seno de la Iglesia, y contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la civilización occidental». En esta línea, ha afirmado que «la Iglesia promueve la cultura porque esta es un bien en sí misma y un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra».
Entre las prioridades señaladas durante la mañana, León XIV ha remarcado la urgencia de erradicar el analfabetismo, garantizar el acceso a la educación superior a quienes tengan capacidad para ello y asumir un compromiso firme con la igualdad de género. En palabras del propio documento conciliar, ha subrayado que es «deber de todos procurar que se reconozca y promueva la participación propia y necesaria de la mujer en la vida cultural».
Asimismo, ha hecho un llamamiento a buscar la «unidad del saber». León XIV ha indicado que los creyentes deben asumir una «paciente formación intelectual y cultural», asegurando que sus conocimientos científicos y humanos progresen «al mismo paso que los contenidos de su fe». A los teólogos los ha exhortado de manera especial a que «empéñense en colaborar con los hombres versados en las otras materias, poniendo en común sus energías y puntos de vista».
En el tramo final de la audiencia, León XIV ha pedido a la comunidad cristiana evitar posturas de aislamiento o enfrentamiento frente a la sociedad moderna. Citando expresamente las orientaciones de Gaudium et spes, ha instado: «Vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo y esfuércense por comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresión es la cultura».
El Santo Padre ha concluido, por último, señalando que «alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana, y también un requisito indispensable para dar testimonio de la fe ante el mundo y comunicarla a los demás de manera creíble». Posteriormente, en sus palabras dirigidas a los peregrinos hispanohablantes, los ha alentado a «ser promotores de la cultura en los distintos ámbitos de la vida y de la sociedad».





