Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

¿Para quién soy yo?

Ni la cultura relativista y escéptica que nos habita, ni la superficialidad propia de nuestra cultura ambiente nos empujan a hacernos preguntas de calado. Por una parte, la desconfianza que da pensar que nos introducimos en un terreno de arenas movedizas en que no vamos a encontrar certezas y, por otra, la urgencia de solucionar los problemas del día a día, que no suelen ser pocos, nos mantienen fuera del alcance de cualquier inquietud metafísica.

El resultado es una cultura antivocacional que no favorece el planteamiento de un proyecto de vida sólido y comprometido. Para comprobarlo, basta con hacer una encuesta preguntando qué se entiende por vocación. Las respuestas irán en la línea de destacar que es una tendencia, un gusto por una profesión. Incluso, si la pregunta se dirige a los que salen de la misa del domingo, muchos nos dirán que es algo que afecta solamente a los curas y las monjas.

Desde luego, en nuestras Iglesias, está creciendo la preocupación por la falta de vocaciones, fijando la mirada especialmente en las de especial consagración, y esto, por razones obvias. Efectivamente, la media de edad de los sacerdotes y los consagrados es muy alta y el relevo no se ve llegar. Pero la falta de vocaciones se advierte también respecto al apostolado seglar, al matrimonio cristiano… Ante esta situación, hace unos años, los obispos españoles nos planteamos la celebración de un Congreso nacional de pastoral vocacional. Para llevarlo a cabo, se erigió un equipo de trabajo capitaneado por Mons. Luis Argüello que convocó a representantes de diversos ámbitos: clero y seminarios, vida consagrada, apostolado seglar, familia y misiones. Este Servicio elaboró un documento de trabajo que, reelaborado en nuestra diócesis por otro equipo similar, ha sido estudiado por los participantes de la EDEU y otros grupos. Las respuestas, enviadas desde las distintas diócesis, han servido de base para las ponencias del Congreso que ha tenido lugar en Madrid, entre los días 7 y 9 de este mes.

Efectivamente, en el Madrid Arena nos hemos reunido el pasado fin de semana unas tres mil personas de los distintos carismas y ministerios (veinticuatro de nuestra diócesis), configurando una hermosa y colorida imagen, una preciosa sinfonía de voces, con los objetivos de celebrar una gran fiesta que muestre a la Iglesia como asamblea de llamados, concienciar a los participantes del problema vocacional, y animar la pastoral vocacional en nuestras Iglesias particulares

El lema del Congreso “¿Para quién soy yo?”, tomado de la Exhortación postsinodal Christus Vivit del Papa Francisco (n. 286), pretendía unir dos inquietudes que surgen todavía milagrosamente en los corazones de muchos jóvenes y que es fundamental que ayudemos a brotar: la pregunta por la identidad y por el sentido de la vida. En el mensaje que el Papa Francisco dirigía a los participantes, indicaba que muchas veces perdemos el tiempo dándole vueltas a la pregunta “¿quién soy?”, pero la verdadera pregunta ha de ser “¿para quién soy?”. Y ponía de ejemplo la actitud solidaria de tantos jóvenes en la pasada DANA. Ya en la citada Exhortación Christus Vivit, el Santo Padre había dicho: “Soy una misión en esta tierra” (n. 273), respondiendo así a ambas inquietudes. Nuestra misión no puede ser otra que ser para Dios y, en él, para los demás. Es por eso que el Señor ha puesto en cada uno de nosotros muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas.

Ha llegado el momento de poner manos a la obra. Desde aquí, quiero hacer una llamada a todos para colaborar orando, trabajando por general una cultura vocacional que ponga el acento en la prioridad del amor de Dios que nos ama y nos llama, y no tanto en una pastoral vocacional de la elección sin hipotecas y, en fin, acompañando a los jóvenes en el discernimiento. Que Dios nos ayude.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now