Algo menos de 15 años después de despedir a Benedicto XVI en el aeropuerto de Barajas, recibiremos de nuevo en nuestro país al sucesor de san Pedro y vicario de Cristo en la tierra.
Antes de despegar hacia Roma en 2011, el Papa nos decía: «España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica».
Durante este viaje apostólico y por primera vez en la historia de nuestro país, el papa hablará en el Congreso de los Diputados —sede de la soberanía nacional— en una sesión conjunta de las Cortes Generales. En el lugar donde está representada esa España abierta, plural y respetuosa de la que hablaba Benedicto XVI, se toman las grandes decisiones que afectan a la vida de los ciudadanos. Por eso serán especialmente relevantes las palabras que León XIV dirija a nuestros mandatarios. En un momento político y social caracterizado por la falta de una mirada a largo plazo y una polarización que frustra cualquier posibilidad de diálogo, el obispo de Roma nos animará a todos, políticos incluidos, a alzar la mirada.
Alzar la mirada implica un doble movimiento. Mirar simultáneamente a lo Alto y hacia dentro. Ser capaces de trascender aquello que nos divide y diferencia para poder reconocer desde la fe y la razón que lo que nos une a los seres humanos es mucho mayor que lo que nos separa. Aunque sus palabras irán dirigidas a todos, quizá seamos los católicos quienes tengamos que reconocer en primer lugar que nos queda siempre mucho camino que recorrer en esta dirección. Ojalá las palabras del papa no sean utilizadas por unos y por otros para afianzarse en sus posiciones sino para construir juntos una España mejor.







