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Argüello invita a los jóvenes a confesar la fe «en la plaza pública»

El presidente de la Conferencia Episcopal ha celebrado la Eucaristía en una plaza de San Pedro abarrotada de jóvenes españoles

El encuentro de jóvenes españoles en Roma ha culminado con la celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Le han acompañado los cardenales Juan José Omella y José Cobo, Mons. Arturo Ros, presidente de la Subcomisión de Juventud, y Mons. Carlos Escribano, presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida. Además de cerca de 50 obispos y 700 sacerdotes que han concelebrado, mostrando la unidad de la Iglesia española en torno a su juventud.

En la procesión de entrada, el canto del Gloria de Toño Casado (un estreno para esta ocasión) ha mostrado que la música ha jugado un papel esencial durante toda la celebración, con un repertorio cuidadosamente seleccionado que ha incluido cantos tradicionales y actuales de autores como Taizé, Cesáreo Gabaráin, Kairós, Brotes de Olivo, Nico Montero y Hakuna.

La homilía de Mons. Argüello, pronunciada con gran fuerza y sin papeles, ha partido de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos, anunciando con convicción que «el amor de Dios ha sido derramado sobre nuestros corazones». El prelado ha invitado a los jóvenes a acoger este amor, que «no defrauda» y reviste la vida de un «vestido de alabanza», un «perfume de alegría» y una «diadema de alianza». «Ese amor —ha dicho— nos hace vivir para la sana gloria de Dios, y nos impulsa a llevar esa luz incluso a las tinieblas de la existencia».

Sobre la identidad cristiana, Mons. Argüello ha afirmado: «Somos ungidos, somos cristianos». Y con esta unción, «formamos un pueblo que aprende a decir ‘nosotros’». El arzobispo ha animado a los presentes a trascender los «pequeños ‘nosotros’» —incluso los que a veces se cierran dentro de la Iglesia o las comunidades— para ensanchar el corazón y vivir una fraternidad abierta. «La Iglesia es otra permanente escuela de ensanchar el nosotros, de abrir a una fraternidad que no brota de nuestros puños, sino del Espíritu Santo que nos ha ungido, y que nos permite decir Dios, Padre Nuestro».

En este sentido, el presidente de la CEE ha destacado el proceso de constitución de un «nosotros diocesano» que se ha expresado como un «nosotros de la Iglesia en España», preparándose para el encuentro dominical en la eucaristía solemne, donde se podrá decir «un nosotros en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica». A lo que ha añadido, «queremos abrir esta fraternidad a la familia humana, a nuestros conciudadanos, a vuestros compañeros de estudios, de diversión, a vuestras propias familias, a los diversos lugares de donde venimos, para ofrecer este nosotros que ayude a nuestros contemporáneos a abrir su corazón y poderse encontrar así con quien es la fuente que nos abraza».

Testigos en la «plaza pública» y embajadores de paz
De esta forma, el arzobispo de Valladolid ha animado a los jóvenes a dar testimonio público de su fe, sin complejos. «Falta que seamos confesores de la fe en la plaza pública», ha señalado, invitando a los jóvenes a mostrar una «comprensión integral de la persona, del cuerpo, de la sexualidad vinculada al don de la vida». Además, les ha exhortado a «acercarnos con ternura a los pobres y a los que están solos».

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