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Carta del arzobispo de Tarragona

Carta del arzobispo de Tarragona: «Blaise Pascal (1623-1662)»

Estimadas y estimados, celebramos el 400 aniversario del nacimiento de Blaise Pascal, uno de los autores de referencia de la ciencia, del pensamiento y del cristianismo. Como científico rompió con la «cultura científica» de su época: sabía que el razonamiento puramente deductivo era improcedente en física; y también rompió con la «cultura teológica», que se dedicaba a razonar sobre los dogmas en vez de leer el Evangelio y a los Padres de la Iglesia. Si la experimentación fundamenta la ciencia humana, la revelación fundamenta la ciencia divina. El papel de la razón es limitado en ambos casos.

La época de Pascal estuvo marcada por importantes discusiones a propósito de la renovación del cristianismo. La corriente llamada «jansenista» ―el Augustinus de Jansenio es de 1640― sostenía un cristianismo exigente, pero defendía también una conciencia intensa de los derechos de la persona humana y del pensamiento personal frente a todo tipo de absolutismo. En cambio, los jesuitas defendían una acomodación del cristianismo a la cultura renacentista y al probabilismo moral. Se trataba de dos concepciones del mundo fuertemente divergentes, si no opuestas. Pascal defendía la fidelidad a los orígenes y estaba en contra de las posiciones sostenidas por los jesuitas ―como se puso de manifiesto en las Cartas Provinciales―, pero nunca aceptó las tesis exageradas de los jansenistas sobre los condicionantes de la libertad humana.

Su concepción del cristianismo se encuentra articulada sobre todo en los Pensamientos: un millar de pequeños fragmentos escritos presumiblemente con la idea de hacer una apología de la religión cristiana. En los Pensamientos hallamos los grandes temas de su reflexión: 1. Los límites de la razón: fe y razón pertenecen a dos órdenes de cosas diferentes e irreductibles, es decir, la razón y el corazón ―las «razones del corazón que la razón no entiende». 2. La grandeza y miseria del hombre: en realidad, miseria del hombre sin Dios. La conciencia de nuestra miseria es la causa de nuestra grandeza, como la conciencia de la ignorancia era la causa de la sabiduría en Sócrates. La verdadera religión ha de dar cuenta de las contrariedades de la naturaleza humana, de nuestra miseria y grandeza.

Para Pascal, la religión cristiana satisface ambas exigencias. La razón ni demuestra ni niega la existencia de Dios, pero la vida impone la necesidad de tener que escoger y hay que apostar. Así llegamos a la apuesta, que significa un fracaso aparente de la razón. Pero la apuesta es una manera de existir. De ahí que el verdadero cristianismo es «sumisión y uso de la razón». Una religión que suprimiera la razón sería absurda y ridícula; una religión que se explicara racionalmente no tendría nada de sobrenatural. La religión cristiana evita estos dos excesos. Que la religión sobrepase la razón no quiere decir que la contradiga. No sirve de nada conocer a Dios sin amarlo: un conocimiento de Dios sin Jesucristo es inútil y estéril. Hay que pasar por Jesucristo para conocer a Dios y al hombre.

No es el Dios de los filósofos, sino el Dios de Abraham y de Jesucristo el que está presente en el pensamiento de Pascal. Entre un mundo mudo, significado por el «silencio de los espacios infinitos que horroriza» y un Dios escondido, pero no ausente, está el hombre: su certeza no es la de la razón, sino la del corazón.

Vuestro,

+ Joan Planellas i Barnosell

Arzobispo de Tarragona

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