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Carta del obispo de Astorga: «La resaca del verano»

Había enviado a sus discípulos a ensayar una incipiente misión. Cuando regresaron, advirtiendo su cansancio, Jesús los invitó a ir a un sitio tranquilo a descansar un poco. El Señor no acostumbraba perder el tiempo, pero también sabía parar de vez en cuando y descansar con el fin de vencer los riesgos del activismo, de cultivar el encuentro con su familia y amigos, de encontrarse con el Padre…

A lo largo de los meses de julio y de agosto, muchos hemos podido descansar, algunos más, otros menos. Seguramente que todos reconocemos que nos ha venido bien. Pero llega septiembre y es preciso volver al tajo con fuerza y dedicación. Entre las ocupaciones que a servidor le esperan está la que ahora abordo: escribirles una carta semanal. En la presente, les invito a rememorar alguno de los acontecimientos eclesiales más significativos del verano.

Sin duda uno de los más importantes ha sido la celebración de las fiestas patronales, muchas cambiadas de fecha para hacerlas coincidir con el período de mayor afluencia de visitantes. Hemos de elogiar el compromiso de muchas personas por mantener estas celebraciones. Encuentro de familiares y amigos, juegos infantiles, verbenas, chocolatadas, bingo, pasacalles… Afortunadamente, tampoco han faltado las celebraciones religiosas con sus procesiones y ritos particulares y hasta una colecta solidaria con parroquias pequeñas. Desde este rincón de papel, vaya nuestro aplauso para todos aquellos que han trabajado y se han sacrificado para que otros disfrutaran. Y, por si nadie se lo reconoció, doy gracias a los sacerdotes que han tenido que hacer un esfuerzo ímprobo para llegar a todos los lugares y atender a todas las demandas. Que Dios se lo pague.

Pero el gran acontecimiento eclesial del verano ha sido indudablemente la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Lisboa del 1 al 6 de agosto pasado. Cerca de un millón y medio de jóvenes se reunieron en torno al Papa Francisco para oír un mensaje claro que les invitaba a levantarse de la postración y a afrontar la desvinculación social que ha causado y acentuado la pandemia; también a afrontar los retos de la vida dejándose guiar por Jesús, el amigo que siempre los acompaña. Todas las celebraciones que presidió fueron vividas con fe y alegría; yo destacaría la Eucaristía final del día seis, la vigilia de la noche anterior y el vía crucis.

Siguiendo la estructura habitual de estas jornadas, los obispos impartimos catequesis, en mi caso, a un grupo de seiscientos jóvenes cordobeses en Aboboda, cerca de Estoril. Con ellos reflexioné sobre la prisa de María en acudir en auxilio de su prima Isabel y sobre el compromiso a favor de una ecología integral. Tanto la catequesis como la Eucaristía, fueron momentos preciosos por el espíritu de fe y devoción que allí se respiraba.

Nuestra diócesis estuvo representada por cincuenta jóvenes, entre los que se encontraban también tres sacerdotes acompañantes. Ciertamente, no es para sacar pecho si nos comparamos con otras Iglesias particulares de similares características, pero la valoración positiva que les mereció y nos mereció, nos anima a seguir trabajando con ellos y por ellos para que lleguen a ser los discípulos y apóstoles que acerquen a nuestros jóvenes a Jesús, el Salvador.

Tanto en las fiestas populares como en la JMJ Lisboa 2023, aunque a distinto nivel, se vivió una preciosa experiencia de encuentro de gentes de distintas procedencias y mentalidades. Se respiró paz, alegría, creatividad, fe, valores que nos llenan de esperanza y que nos convencen de que otro mundo es posible y que, en los sueños de Dios, no hay lugar para la violencia, la injusticia, la insolidaridad, la exclusión de Dios… Pidamos al Señor que, con su ayuda, hagamos avanzar su reino aquí y ahora.

+ Jesús Fernández Gonzalez

Obispo de Astorga

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