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Carta del obispo de Astorga: «Tiempo de la creación»

El pasado 3 de septiembre, la Iglesia universal, a propuesta del Papa Francisco, celebraba la Jornada de Oración por el cuidado de la creación, bajo el título “Que la justicia y la paz fluyan”. La frase, tomada del profeta Amós, refleja el sueño de Dios para la humanidad, un sueño cada vez más urgente dado el nivel de conflictos y violencia que llegan a afectar a la casa común. Esta Jornada inicia el llamado Tiempo de la Creación que concluirá el día 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología integral.

En el mensaje que el Santo Padre escribe con este motivo, muestra su preocupación por estas situaciones y nos emplaza para afrontarlas. Como él dice, “hay que estar junto a las víctimas de la injusticia ambiental y climática, esforzándonos por poner fin a la guerra sin sentido contra nuestra casa común, que es una terrible guerra mundial”. Como se ve, el Papa no pone sordina a una situación que se está tornando dramática y que se palpa especialmente en las víctimas de esa injusticia ambiental y climática.

El síntoma más claro del deterioro del medio ambiente lo ofrecen los emigrantes que se ven obligados a abandonar sus países, pero no es el único. Efectos no deseados son también el aumento de las alergias, del asma y de otras enfermedades derivadas de la polución contaminante y de la acumulación muchas veces incontrolada de basuras, el avance de la desertización, los episodios climáticos extremos que están provocando aumento de las temperaturas, gotas frías, etc. Sin olvidar tampoco la pérdida de biodiversidad que provoca un desequilibrio cuyas consecuencias negativas se irán descubriendo con el tiempo.

El Papa Francisco, no obstante, de entre los efectos de esta “guerra mundial” que la humanidad tiene entablada contra la casa común, destaca la falta de agua. “Vemos los efectos de esta guerra -dice- en los muchos ríos que se están secando”. Y acusa directamente al consumismo rapaz, el uso desenfrenado de combustibles fósiles, la tala de bosques…

Ante esta penosa realidad, dejemos que resuene en nuestro interior y en el mundo entero la llamada de San Juan Pablo II a la conversión ecológica. Dejemos que el Señor transforme nuestros corazones de forma que dejemos de considerar la Creación como un objeto para la explotación y veámosla como un regalo de Dios del que no somos propietarios, sino simples administradores. Mostremos el respeto ecológico cambiando nuestro estilo de vida: generando menos desperdicios, consumiendo sólo lo necesario, practicando una “gozosa sobriedad”, eliminando y reciclando los desechos… Las comunidades cristianas habrán de plantearse también colaborar en el crecimiento de la conciencia ecológica a través de la educación y, particularmente, de los procesos catequéticos de niños y jóvenes, “pues el cuidado de la Creación es sin ninguna duda un elemento central en la formación cristiana” (Mensaje de la Subcomisión episcopal de acción caritativo-social).

Y, en fin, apostemos por políticas públicas descartando una gestión económica que favorezca la riqueza escandalosa de algunos, mientras la mayoría permanece encerrada en la miseria, poniendo en marcha mecanismos económicos que busquen el bien común por encima del lucro personal, favoreciendo la generación y el empleo de energías verdes, frenando la deforestación, y, en fin, como reclamamos los obispos españoles de la citada Subcomisión, repartiendo el escaso bien del agua y gestionándolo “a la medida de las personas y del medio ambiente”.

+ Jesús Fernández Gonzalez

Obispo de Astorga

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