Queridos hermanos:
Este domingo, día 22 de octubre, celebramos la Jornada mundial de las Misiones, el popular Domund. Este año, con el Sínodo universal en curso, esta cita adquiere una relevancia especial, pues es oportunidad muy especial para comprometernos y participar, como bautizados, en la misión evangelizadora de la Iglesia. El Sínodo no es un repliegue de la comunidad cristiana sobre sí misma, sino ponerse en camino juntos para llevar el evangelio hasta los confines de la tierra.
Además de las celebraciones parroquiales con las referencias al Domund en la oración de los fieles, en la homilía y con la colecta misionera, en nuestra Diócesis, el pasado domingo, día 15, hemos vivido ya en Cáceres, la marcha solidaria y este viernes 20 de octubre se celebrarán sendas Vigilias de la Luz en Cáceres y Coria.
En vísperas del Domingo Mundial de las Misiones, el pasado día 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa de Jesús, el Papa Francisco ha escrito una preciosa exhortación sobre Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento. Sin salir de su convento, esta carmelita universal “nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio”, no por presión o proselitismo (C’est la confiance). Santa Teresita no concebía la vida cristiana como un “sálvese quien pueda”. “Más que a soñar con su propia felicidad”, tuvo “un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar”. El Papa destaca que el “caminito” de la infancia espiritual, “de la confianza y del amor” es accesible para todos porque es “el camino que el Padre celestial revela a los pequeños”.
Participar de la misión que nos mandó el mismo Jesús (“Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos”) no consiste en recorrer tierra y mar para poner cargas pesadas sobre los prosélitos. La misión es compartir con todos la alegría del evangelio, “escondido a los sabios y entendidos”, que se revela a los pequeños, y ayudarnos unos a otros en el camino que lleva a la salvación. Todos estamos llamados a participar en esta tarea con nuestro testimonio de vida, con nuestra oración, con nuestro compromiso al servicio de los demás y también -¿por qué no?- con nuestra aportación económica.
El lema de este año hace referencia al encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús: “Corazones ardientes, pies en camino”. La misión evangelizadora es fruto del encuentro personal con Cristo, que nos infunde el fuego del amor de Dios en el corazón, y nos pone en camino para llevar la alegría del Amor de Dios a toda criatura. Los discípulos de Emaús reconocieron al Señor al partir el pan. Y aunque ya era tarde y no era recomendable volver a Jerusalén, salieron de nuevo para llevar la Buena Nueva de la resurrección al resto de los apóstoles. Esa salida misionera inaplazable confirma la autenticidad de la aparición, porque –como dice el Papa en su mensaje para este año– “no es posible encontrar verdaderamente a Jesús resucitado sin sentirse impulsados por el deseo de comunicarlo a todos”.
Nuestros misioneros -de los que podemos sentirnos orgullosos con toda razón- no son empleados de una ONG humanitaria, sino mensajeros de Jesús, que les ha robado el corazón, para llevar adelante su misión en el mundo. “La Iglesia existe para evangelizar”. (Evangelii Nuntiandi, 14)., todo lo que hace tiene que ver con el anuncio del evangelio. El Papa nos recuerda una vez más que “la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia”. La misión de la Iglesia, de los discípulos misioneros, de cada uno de nosotros, es una llamada a compartir los tesoros del Amor de Dios: “Un simple partir el pan material con los hambrientos es ya un acto cristiano misionero. Con mayor razón, partir el Pan eucarístico, que es Cristo mismo, es la acción misionera por excelencia” (Mensaje Domund, 2023).
Con mi bendición.







