Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

«Ven a mí todos los que están cansados y agobiados; yo os haré reposar» (Mt 11,28)

El papa León XIV nos invitaba a lo largo de su visita a nuestras tierras a: «no dejarnos agobiar por los ritmos y las seducciones externas, cultivando espacios de silencio, deteniéndonos quizás algunos minutos al día para leer el Evangelio y hablar con Dios.» (Vigilia en el Estadio Olímpico de Barcelona, ​​9 de junio de 2026).

El ritmo de nuestras vidas a menudo nos agobia y nos cansa. El deseo de reposo, especialmente en estas semanas en las que muchos disfrutarán de vacaciones, está presente y es muy legítimo. Mientras muchos otros, no lo olvidemos, y especialmente en nuestra diócesis, trabajarán más que nunca para facilitar el reposo a los demás.

Habitualmente decimos que nos hemos ganado el derecho al descanso, pero como creyentes les invito a aprovechar este tiempo para dedicar algo más de espacio a Dios. En una lectura, un rato recogida en una u otra iglesia, ermita o santuario, o contemplando la belleza de la creación, que en nuestras tierras está presente; así podemos encontrar una ocasión privilegiada para guardar tiempo para Dios y al mismo tiempo permitirle a Él que nos hable desde un ritmo más sosegado, menos acelerado de lo que nuestra sociedad nos invita a vivir habitualmente.

El domingo 21 de junio durante el res de Ángelus el papa nos volvía a recordar que: «no hace falta pensar en el “contemplar” como en una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos oa los monjes ya los ermitaños. Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida. Esto nos hace, cada vez más, personas de fe sólida y consciente, y en consecuencia, apóstoles creíbles y libres, hombres y mujeres capaces de reflejar la luz del Evangelio en todos los ambientes y en todas las situaciones de la vida, testimoniándolo también allí donde su valor no es comprendido ni aceptado.»

La fe sólida y consciente no nace de la improvisación, es necesario trabajarla, esforzarse en ella, aunque sólo sea un poco, para recuperar aquella fuerza que viene del Espíritu Santo y nos permite reflejar en nuestras vidas la luz del Evangelio. Siempre estamos a tiempo de girar la mirada hacia Dios, pero quizá precisamente cuando el ritmo desciende de intensidad sea una ocasión más que propicia para reencontrarnos con Él y, haciéndolo, girar la mirada hacia nuestro interior para analizar nuestra salud espiritual.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now