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Misioneros de comunión

Queridos diocesanos,
querida Iglesia de Urgell

Con alegría y esperanza me dirijo a vosotros en este primer domingo de octubre, mes misionero, para haceros llegar la Carta pastoral Para que tengáis vida.

Este es el anhelo que el Buen Pastor tiene para sus ovejas: una vida plena, participando de la vida divina. En esta primera Carta pastoral que os dirijo quisiera agradeceros vuestro camino de fe, el entusiasmo apostólico y vuestro compromiso siempre con los más pobres.

Desde el primer día que llegué a esta Iglesia local de Urgell me ha fascinado la fidelidad y la transmisión de la fe ya desde el siglo V, en la época del obispo Justo, san Justo de Urgell.

El deseo de nuestro Dios es que todos lleguemos a lo que llamamos la Theosis, es decir, una deificación, la participación en la misma vida de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero.

Queridos sacerdotes, catequistas y agentes de pastoral, al comenzar este nuevo curso os invito a reavivar el don de la fe, a vivir con plenitud nuestra vida de hijos e hijas de Dios, a tener la ilusión, la alegría y la esperanza que el Buen Pastor ha venido a darnos para que compartamos su Vida, una vida que nos transforma en comunión, unidad y misión.

Gracias, querido Pueblo de Dios que peregrina en esta Iglesia tan antigua y tan nueva; gracias por la acogida generosa y por el testimonio que dais, no solamente cada domingo participando en la Eucaristía sino también por tanto bien que mostráis en nuestra sociedad civil.

La Encarnación es el otro eje de nuestra fe: si por un lado la Trinidad nos da fortaleza para permanecer diferentes y bien unidos en la misión, la Encarnación nos garantiza la autenticidad del mensaje. El Evangelio se encarna en nuestra tierra, con las tradiciones, las costumbres, nuestro clima, nuestra sociedad plural y abierta, y es aquí donde obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas, matrimonios cristianos, laicos y laicas nos comprometemos en un territorio para que broten testimonios, porque nosotros estamos convencidos de que el Señor nos llama a la santidad.

No tengamos miedo de buscar la santidad para nuestras vidas; tenemos santos de esta tierra, tenemos los santos obispos de Urgell: Justo, Ermengol y Odón, la beata Ana María Janer y también los beatos mártires de Urgell. Todos ellos y tantos otros vivieron anónimamente su vida como hombres y mujeres de fe y de confianza.

Os deseo una vida bien plena, satisfecha, buscando siempre la comunión, escuchando la Palabra de Dios y sabiendo que Dios continúa llamando a través de testimonios que gozan y quieren una vida virtuosa y comprometida con los más pobres y marginados. No los olvidemos.

Os deseo una buena lectura de la Carta pastoral y os animo a vivir con santidad. Oremos los unos por los otros.

De vuestro obispo y servidor,

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