Queridos diocesanos de Alcalá de Henares:
El día de la Anunciación del Señor celebramos cada año la Jornada por la Vida, que este año lleva por lema: “La vida, un don inviolable”. Toda vida humana tiene una dignidad inviolable, desde su concepción hasta su término natural. La vida humana que comienza es siempre una “buena noticia”, aunque esté enferma y aunque el embarazo no sea deseado. Todo hijo es concebido en el corazón de Dios, antes de ser engendrado por sus padres. Tiene, por lo tanto, una dignidad infinita. Es creado a imagen y semejanza de Dios, con vocación a participar de la filiación divina de Cristo y en un destino eterno en el cielo.
Como decía Mons. Luis Argüello en su discurso a la Asamblea Plenaria de noviembre de 2025, la dignidad y la inviolabilidad del no nacido no es solo una cuestión de fe, sino de razón y de honestidad intelectual. La embriología enseña que, desde la fecundación, el embrión es un organismo humano vivo, con un patrimonio genético propio, distinto del de sus padres. El cigoto no es una célula más del cuerpo de la madre, es un nuevo individuo de la especie humana, que sigue un desarrollo embrionario autónomo, coordinado, continuo y gradual. Es una nueva persona, que merece todo respeto ético y la mayor protección jurídica.
Se entiende, por lo tanto, que el aborto es inmoral, ya que supone poner fin a la vida de un individuo de nuestra especie. Un individuo del todo inocente, que no puede defenderse, ni quejarse, porque está totalmente confiado al mundo de los adultos. El aborto no puede ser un derecho, y menos un derecho constitucional. No existe el derecho a eliminar una vida humana. Solo plantear la posibilidad de que el aborto sea un derecho constitucional manifiesta un debilitamiento de nuestra democracia, que se muestra incapaz de proteger la vida del no nacido, que es el más vulnerable de los vulnerables, y el más pobre de los pobres.
El aborto no es una conquista social, sino un fracaso. Como indicaba D. Luis Argüello en su discurso, se da la paradoja de que, en un mismo hospital y simultáneamente, un grupo de sanitarios luchan por salvar la vida de un bebé prematuro de cinco meses y medio, y, en la sala contigua, otro grupo de sanitarios deliberadamente acaban con la vida de otro bebé con la misma edad, y es completamente legal. Del mismo modo, la legislación puede castigar con una multa de 15.000 euros y hasta dos años de cárcel si se destruye un huevo de águila, pero da todo el derecho a matar a un hijo con síndrome de Down hasta el final del embarazo.
La dura realidad del aborto se va escondiendo debajo de la alfombra de nuestra conciencia social. Van dejando de impresionarnos los 73 millones de abortos que se cometen cada año en el mundo, y los más de 100.000 abortos que se cometen en España. Es necesario despertar de esta anestesia de nuestra conciencia. En este sentido, puede ayudarnos el testimonio de Santa Gianna Beretta, una médico italiana casada con Pietro Molla y profundamente católica. Cuando estaba embarazada de dos meses de su cuarta hija, se le diagnosticó un tumor en el útero. Le recomendaron el aborto provocado, pero ella lo rechazó rotundamente. Eligió una cirugía que preservara a su hija, aun con el riesgo mortal para ella misma. El cirujano consiguió extirpar la masa del fibroma uterino sin dañar la cavidad uterina, por lo que el embarazo pudo seguir adelante. Gianna volvió a casa, pero era consciente del peligro que corría su vida: conforme el bebé siguiera creciendo, cada vez era más posible que la sutura cediera y se rompiera el útero.
Finalmente, nació la pequeña Gianna Emmanuela, y su madre pudo tenerla entre sus brazos, pero el útero se rompió y provocó una peritonitis muy dolorosa. La agonía de Gianna duró varios días, que vivió profundamente unida a Dios, y dando gracias por tantos bienes cómo había recibido en su vida. Falleció el 28 de abril de 1962. Había dado la vida por su hija. Conmovido por este testimonio, el Papa San Juan Pablo II la beatificó en 1994, y fue canonizada en 2004.
En esta Jornada por la vida, pidamos por todas las madres que tienen dificultades para acoger un embarazo, para que encuentren la ayuda necesaria. Ninguna mujer debería verse forzada a recurrir al aborto por desinformación, por miedo, por sentirse sola o por no tener recursos. Cada vez que esto ocurre, fracasamos todos como sociedad. La vida es un don inviolable, defendámosla con todas nuestras fuerzas.
Recibid mi saludo y mi bendición.







