Fue en 1926, cuando el Papa Pío XI publicó la encíclica Rerum Ecclesiae en la que reconocía dos necesidades en la tarea misionera de la Iglesia: por un lado, el aumento de vocaciones misioneras y, en segundo lugar, que «los fieles se persuadan a su vez que también ellos deben concurrir a una empresa tan santa y provechosa con verdadero entusiasmo, con oraciones continuas ante Dios y con generoso desprendimiento». En respuesta a ello, ese mismo año nació la Jornada Mundial para la Propagación de la Fe, que posteriormente en España recibió el conocido nombre de DOMUND. Por tanto, este año estamos de cumpleaños, y no podemos menos que felicitar a la Iglesia por este centenario.
En estos 100 años, el impulso que ha recibido el mundo de las misiones ha sido enorme, y es lo que ha hecho posible el crecimiento casi exponencial del número de cristianos y de las Iglesias locales. No es el logro de algún sacerdote, o de alguna congregación religiosa. En realidad, es algo que ha conseguido, que hemos conseguido toda la Iglesia.
En este centenario, el Papa León XIV ha elegido como lema en su primer mensaje para el DOMUND «Uno en Cristo, unidos en la misión». Fácilmente observamos que hace clara referencia a su propio lema papal. Es una llamada clara a la unidad con Dios, con Jesucristo, y a juntos llevar a cabo la misión única de la Iglesia, el anuncio del amor de Dios, para que todos seamos uno.
El centro está en el que es Uno, en Jesucristo, origen de la misión, pues es él quien envía; está en el centro porque es el contenido de la misión; también por el estilo, pues Jesús va delante de nosotros marcándonos el camino; y está también en el horizonte hacia el que caminamos. Por eso, el núcleo de unidad es Él.
Hay unidad en la misión porque es la misma que el Padre encomendó a su Hijo, y éste a los apóstoles y a la Iglesia toda. Una unidad que el mismo Pontífice nos aclara que no es uniformidad, sino enriquecimiento con los diversos carismas. Es una misma misión, realizada de formas variadas, según el aporte de cada persona, de cada espiritualidad y de cada carisma, de cada situación. La variedad es riqueza, no causa de división y de enfrentamiento. «El anuncio del Evangelio es una acción coral», dice León XIV citando a Francisco. Esta unidad nace del corazón de la misión que es el amor a Dios y a los hombres: «El amor es la esencia de la misión», afirma León XIV.
Y la unidad que viene de Dios, que realizamos en comunión, es el cumplimiento de la catolicidad de la Iglesia, pues está llamada a llegar y a acoger a todas las personas de todos los rincones del mundo. No obstante, la «misión de Cristo Redentor está aún lejos de cumplirse», dijo San Juan Pablo II en Redemptoris Missio. No lo dice para desanimarnos, sino, todo lo contrario, para urgirnos a tomar nuevas fuerzas en esta misión hermosa y apasionante de la Iglesia, que todos estamos llamados a llevar a cabo.
Al recordar los cien años del DOMUND echamos una mirada atrás para dar gracias a Dios por lo logrado hasta ahora. En ello ha tenido mucho que ver la Iglesia de España y nuestra propia Diócesis que, aun hoy, sigue enviando misioneros a distintos lugares del mundo. Y a otros muchos los ayudamos desde nuestras casas, trabajos, pueblos y ciudades. Nuestra aportación doméstica es muy importante y podemos desarrollarla de formas varias: la oración, la contribución económica, la formación misionera, la sensibilización, etc. Todo suma en la gran misión de la Iglesia.
Esta semana es muy rica en actividades misioneras en nuestra diócesis y en nuestras parroquias: la Vigilia de la Luz, las mesas petitorias, las huchas, las catequesis, las celebraciones eucarísticas, las colectas… Participemos para unirnos a la misión de Cristo.
Poniendo a todo el mundo misionero nuevamente bajo la protección y amparo de sus patronos, San Francisco Javier y Santa Teresa de Lisieux, quiero felicitar y agradecer a todos los misioneros y a todos los que de una u otra forma contribuyen con la Iglesia a vivir su tarea.
Con mi bendición,




