Queridos hermanos:
Este año estamos celebrando el 800 aniversario de la muerte –el tránsito– de San Francisco, uno de los cristianos que más se ha parecido en su vida a Jesucristo. Desde su encuentro con el Señor crucificado en San Damián que le dijo: “Francisco, repara mi Iglesia, que, como ves, está en ruinas”, fue identificándose cada vez más con Cristo, y tanto le quiso imitar que recibió en su propia carne las cinco llagas, los estigmas de la pasión del Señor. Desde entonces, este fenómeno extraordinario visto como «señales de su martirio» ha hecho que se establezca un gran paralelismo de la vida y la muerte de Francisco con la del mismo Cristo.
Con motivo de los 800 años del tránsito, el Papa León XIV ha declarado Año Jubilar Franciscano desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, y todas las iglesias franciscanas del mundo, entre ellas la de El Palancar, son templos jubilares, donde podemos obtener indulgencia plenaria
Por ello, nuestro Viacrucis diocesano, que celebraremos como todos los años el Cuarto Domingo de Cuaresma –este año 15 de marzo– tendrá un tono franciscano especial. Acompañaremos a Jesús en su camino de ofrenda al Padre, meditando sobre la pasión del Señor con el ejemplo y el testimonio de San Francisco.
Rezar el Viacrucis no es sólo leer unas meditaciones sugerentes y bien elaboradas sobre el dolor y el sufrimiento que experimentó Jesús de Nazaret hasta su crucifixión y muerte. Es mucho más: identificarnos con Cristo como San Francisco. Hay muchas gente, niños y adultos, jóvenes y mayores, que viven en su día a día un auténtico camino de cruz, un viacrucis personal, en el que van gastando sus días y entregando su vida. Las muchas víctimas de las guerras no sólo son las personas que mueren, también quienes malviven a causa de sus estragos. A la larga lista de conflictos bélicos, recientemente se han sumado la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel; y entre Pakistán y Afganistán. También están, las víctimas de la continua pobreza y del hambre endémico en otros muchos países. Más cerca de nosotros, en nuestras ciudades y pueblos, quizás en nuestras casas, tenemos el viacrucis de los enfermos crónicos, o el de quienes sufren enfermedades incurables; de los ancianos solos, de los sintecho, de los jóvenes sin oportunidades, de los migrantes excluidos… También muchas personas viven su propio viacrucis por cuestiones personales, familiares, laborales, de salud… Todos compartimos de una u otra forma la pasión de Jesús.
Cuando el dolor sólo se sufre es un verdadero castigo. Pero el dolor se puede vivir y asumir, y entonces tiene un valor infinito: hace de la propia vida una ofrenda de amor, como Cristo: “Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre” (Jn 10,18). Abrazar la cruz no es recrearnos en el dolor, sino entregar la vida, para lo que el Hijo de Dios se hizo hombre, y confiar en él que tiene capacidad para recuperarla.
San Francisco decía a sus frailes: «Hermano, cuando ves a un pobre, ves un espejo del Señor y de su madre pobre. Y mira igualmente en los enfermos las enfermedades que él tomó sobre sí por nosotros» (2 Cel 85).
El episodio de San Damián fue el punto de partida no solo de la devoción de san Francisco a la pasión de Cristo, sino sobre todo de la aceptación de la voluntad de Dios en su vida y el comienzo de su «servicio» a la Iglesia. Desde ese momento comenzó a llevar la cruz de Cristo que culminó en su tránsito.
Rezar el Viacrucis, caminando todos juntos como diócesis, es una inmejorable expresión de lo que somos: una Iglesia sinodal, en marcha por este mundo, en camino hacia el Reino prometido, en salida evangelizadora. Siempre me ha impresionado el encuentro de personas de diversas parroquias en Pedroso de Acim para comenzar el Viacrucis, subiendo en oración al Palancar, compartiendo la fatiga, el esfuerzo, el frío y, en ocasiones, el calor, pero todos unidos, como un solo Pueblo, el Pueblo de Dios.
Os espero a todos para rezar juntos el Viacrucis al Palancar, el próximo domingo 15 de marzo a las 5 de la tarde.
Con mi bendición.







