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Congregación de la Misión: cuatro siglos de ternura de Dios para los más pobres

Fundada por san Vicente de Paúl, acaba de cumplir 400 años. En este contexto, hablamos con el hoy superior general, Tomaž Mavrič

Finales del siglo XVI en la región francesa de Aquitania. Vicente es un chico hecho a sí mismo, que persigue la vida acomodada y divertida de una gran ciudad. Prendado por la prosperidad de Dax, una ciudad a cinco kilómetros de su Pouy natal, reniega —porque se avergüenza— de sus raíces campesinas. A los 17 años, la muerte de su padre le permite alejarse todavía más de casa, a Toulouse, donde estudia Teología con el objetivo de ser sacerdote en una parroquia acomodada, en la que no falten los feligreses y que, a la vez, no le dé demasiados problemas. Pero Dios tiene otros planes.

A mediados del siglo XX en Buenos Aires, Argentina. Tomaž, hijo de inmigrantes eslovenos, es un niño conflictivo. Le echan del primer colegio, del segundo… sus padres deciden llevarlo a un internado. Tomaž quiere ser explorador, vivir aventuras, recorrer el mundo, especialmente los lugares más exóticos. Pero Dios tiene otros planes.

En un momento determinado, en la vida de ambos, hay un punto de inflexión. En el caso de Vicente sucede en 1617. Un pobre de la calle, moribundo, le pide confesión, le cuenta pecados que no se ha atrevido a revelar nunca antes. Pocos días más tarde, propone a los fieles de Folleville, donde predica, enviar a sacerdotes para quien quiera confesarse, también como este pobre, por primera vez en la vida. Su corazón rebosa alegría como nunca antes. En realidad, después de haber conocido al moribundo, quiere dedicarse a llevar a los lugares más remotos un mensaje, que existe un Dios de la ternura que no se olvida de nadie. Esta primera inquietud de Vicente con los años da un fruto inimaginable: funda dos congregaciones y una asociación laica, todo ello bajo un mismo carisma que ahora se conoce como vicentino. En concreto, la Congregación de la Misión se funda en 1625. Este año, por tanto, celebra su cuarto centenario. En un momento marcado por las guerras y miseria, Vicente de Paúl es consciente de que «la Iglesia de Cristo no puede abandonar a los pobres. Ahora bien, hay diez mil sacerdotes en París, mientras que en el campo los pobres se pierden en medio de una espantosa ignorancia».  Allí, precisamente, envía a sus primeros misioneros.

Actualmente, la Congregación de la Misión cuenta con 2.900 miembros en todo el mundo. Encontrarse con algunos de ellos fue el punto de inflexión en la vida del pequeño Tomaž, cuando cursaba quinto grado en aquel internado, que llevaban los padres paúles. Cuatrocientos años después de la fundación de la Congregación, él es el superior general, es decir, el sucesor de san Vicente de Paúl.

Tras conocer la congregación, Tomaž Mavrič afinó su deseo de ser explorador en lugares exóticos. Tomaría los hábitos y sería misionero, no para conocer el mundo, sino para llevar la ternura de Dios a todos los rincones donde le enviara la congregación. En su caso, han sido Siberia y Ucrania. Esta experiencia de «abrir el horizonte en las periferias», en palabras de Mavrič a ECCLESIA, está en el corazón del carisma, cuyo compromiso con los más necesitados se refleja en tantas iniciativas, como la reciente Alianza Farmvin con las personas sin hogar, con la que se proporcionan viviendas, como ya hacía san Vicente en 1643, a los que no tienen. 

La carta de Francisco

En diciembre de 2024, el papa Francisco le envió un mensaje para expresar su cercanía con la familia vicentina y su deseo de que este aniversario sea una oportunidad para renovar el compromiso misionero: «Rezo para que este significativo aniversario sea una ocasión de gran alegría y de renovada fidelidad a la concepción del discipulado misionero, fundado en la imitación del amor preferencial de Cristo por los pobres». Algo que demuestra, confirma Mavrič, que el carisma de san Vicente de Paúl «nunca es viejo», porque está basado en «llevar la buena noticia a los pobres».

El Santo Padre subrayaba, además, la importancia de este carisma para la renovación de la Iglesia y la atención a los más necesitados, especialmente en las periferias del mundo. También destacaba el papel de los jóvenes en esta misión: «Espero que las celebraciones del cuarto centenario subrayen la importancia de la concepción de san Vicente sobre el servicio a Cristo en los pobres […]. Estoy convencido de que su ejemplo puede inspirar de manera especial a los jóvenes, quienes, con su entusiasmo y generosidad, están llamados a ser testigos audaces y valientes del Evangelio».

La celebración que conmemora este aniversario se va a prolongar durante tres años —ya han transcurrido dos—, porque no es una fiesta sin más, sino que, insiste Tomaž Mavrič, «nos debe llevar a la conversión y a un nuevo Pentecostés». Como lo explicaba por carta en abril de 2023 a sus hermanos de la congregación, «que sea una celebración digna del IV Centenario de su “pequeña compañía”. Que cada día sea, para cada uno de nosotros, un momento de conversión, de renovación, de vuelta a Jesucristo, nuestro “primer amor”, para que siguiendo las inspiraciones de san Vicente de Paúl, podamos obtener la gracia de convertirnos en “místicos de la caridad”».  

En este sentido, uno de los compromisos del superior general para estos años ha sido arreglar la Maison Mère, para que se convierta en una casa madre para toda la congregación. Un lugar «que acoja a sus hijos con todo el amor de la Virgen» y que ayude a las personas que se hospeden allí a crecer en santidad y capacidad de servir. Y que sea también un centro de referencia para otras casas de misión, que deberían abrirse por toda Europa para responder a la búsqueda de los jóvenes que están volviendo a la Iglesia. 

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