La palabra clave en este tiempo de cuaresma es “conversión”. Y lo que quisiéramos saber al comenzar la cuaresma es qué significa propiamente “convertirse” para poder hacerlo lo mejor posible.
Para los judos convertirse se expresaba con el verbo “volver” (sub, en hebreo), es decir, retornar a los orígenes, al paraíso perdido, al estado original, más puro y primario, a las fuentes de la vida. Convertirse es una vuelta atrás.
Los griegos usaban para “convertirse” otra palabra que significa “cambiar de mente” (metanoeo), pensar diferente, más alto, más allá de los pensamientos terrenos, elevar la mente de las cosas materiales a las cosas de arriba, a lo esencial. No significa ir atrás sino alzar la mente arriba.
Para los latinos, la conversión se expresa con nuestra misma palabra convertere, que significa cambiar de dirección, de conducta equivocada, enderezar la conducta torcida. No es ir atrás, alzar la mirada arriba, sino virar a un lado, al lado justo.
Y ciertamente todo esto es conversión: volver a la fuente de la vida, elevar la mente a los más altos pensamientos e ideales y cambiar de actitud en la vida.
Pero en la predicación de Jesús, la conversión era algo nuevo. Él proclamaba a todo el mundo por los pueblos y aldeas de Israel: ´Se ha cumplido el tiempo y está· cerca el reino de Dios. convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1,15). Esta conversión no consiste en ir atrás, ni arriba ni a un lado. La conversión cristiana es seguir adelante, apostar por el futuro, por el Reino que ya viene. Para un cristiano, no basta con corregir la dirección errada, ni con un cambio interior o una vuelta a empezar. Se trata de coger el arado y seguir a Jesús sin echar la vista atrás. Convertirse y creer es la misma cosa. El cristianismo no es simplemente una Ética superior, ni unas ideas más claras o místicas. Desde que Jesús irrumpió en la historia no hay vuelta atrás, no hay que desandar el camino, sino emprenderlo decididamente porque lo mejor está· por venir y ya ha comenzado. Y no hay otro camino fuera de Él.
Por tanto, la conversión no es solo moral, ni intelectual; la conversión es seguir el camino que es Jesús y que conduce al Reino. Convertirse es creer en Jesús y seguirlo: tener sus pensamientos, sus actitudes, sus sentimientos, y asÌ vivir con esperanza en todas las circunstancias de la vida, como Él vivió. La conversión implica responder a la llamada como hicieron los discípulos, y buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, y considerar todo lo demás como “añadidura”.
La cuaresma nos pone en el camino hacia adelante en la vida, tras las huellas de Jesús. Nos invita a subir con Èl a Jerusalén, y hacer de nuestra vida una subida a la pascua del cielo. Jesús saldrá· a nuestro encuentro en cuaresma. Nosotros nos encontraremos con Èl en la oración, en lectura de la Escritura, especialmente la Pasión, y en los sacramentos de la eucaristía y de la confesión, en las procesiones y el ejercicio del viacrucis, en los conciertos y representaciones de la pasión viviente… Nos saldrá al encuentro en la caridad para con los necesitados, en la limosna como forma de compartir los bienes de la tierra con los hermanos, con la misma misericordia que a Èl le movÌa a hacer milagros y curaciones. Nos saldrá al encuentro en los ayunos y sacrificios que hagamos para compartir su suerte, para sentir en nosotros su pasión.
No perdamos la ocasión de crecer en la fe, de cobrar valor, esperanza, y seguir
adelante en la vida de cada dÌa tras el Jesús, Camino, Verdad y Vida.
Feliz y santa cuaresma para todos.







