El Corpus Christi es la fiesta de Cristo vivo y Resucitado, que se ha quedado con nosotros para siempre para ser celebrado, comulgado y adorado. En la fiesta de la cercanía de Dios, que sale a la calle: es Jesús que, entonces y ahora, se hace presente para compartir, en nuestras calles y en nuestras plazas, los sufrimientos del mundo. En Toledo, el Corpus nos abre a todos al asombro eucarístico y al gozo de compartir la fe, desde la belleza de una ciudad que se vuelca por completo y que sabe que Cristo es la belleza que salva.
En el Corpus Christi de Toledo se perciben tres manifestaciones de la cercanía de Dios, que nos lanza a la celebración del misterio de nuestra fe. El Corpus es una expresión de la cercanía de Dios en la calle, en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios cuyas delicias son vivir con nosotros.
- Dios, por la Encarnación, se ha hecho hombre. Muerto en la Cruz y resucitado del sepulcro se ha quedado con nosotros para ser nuestro alimento en el camino de la vida.
Por eso la Eucaristía es la gran riqueza de la Iglesia, su mayor tesoro, porque en ella celebramos a Jesús muerto y resucitado, presente en el templo, en las calles y en la vida. - La procesión por las calles. La Eucaristía celebrada, comulgada y, por último, adorada. La procesión eucarística convierte a nuestras calles en una catedral, en un templo abierto al cielo en el que el Señor es adorado y amado. Toledo no se puede entender ni comprender sin el Corpus. Es una fiesta profundamente religiosa que ha dado a luz inmensas obras culturales que cantan a la Eucaristía, que es presencia de Dios vivo con nosotros.
Él quiere vivir nuestra vida para que nosotros podamos vivir la suya. Por eso, como ya he dicho en otro lugar con ocasión de esta fiesta, cada vez me entusiasma más el Corpus Christi en Toledo. Lo vivo intensamente por dentro, para poder estallar de gozo por fuera. No conozco ninguna otra ciudad en el mundo que, como Toledo, se transforme entera en una catedral de arte y belleza para proclamar en sus calles el Amor de Dios que sale al encuentro del hombre. - No podemos dejarnos arrebatar el Corpus Christi. Es Jesus Eucaristía quien en la custodia visita nuestras calles para mirarnos y para dejarse mirar por tantos hombres y mujeres que buscan, a veces sin saberlo, al Camino de la vida verdadera. Es necesario que nuestro Corpus siga ofreciendo su tesoro, que es Cristo en la custodia, para ser contemplado, adorado y amado para que nuestra humanidad tenga vida y la tenga en abundancia.
Como nuestro querido papa Francisco nos recordaba hace un año, también nosotros «partiendo del altar, llevaremos a través de los hogares de nuestra ciudad al Señor. No lo hacemos para exhibirnos, ni tampoco para ostentar nuestra fe, sino para invitar a todos a participar en el Pan de la Eucaristía, en la vida nueva que Jesús nos ha donado. Hagamos la procesión con este espíritu» (Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, el 2 de junio de 2024).
No podemos vivir sin Cristo vivo, sin la Eucaristía, sin el Corpus, que nos lanza a Evangelizar para ser buena noticia para los pobres y los que sufren. Cristo sale a la calle para que descubramos que la locura de Dios es querernos con locura…como la de darnos su cuerpo y su sangre para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Por eso, para nosotros, la fiesta del Corpus Christi siempre será un reto: el desafío de dar respuesta a una sociedad cada vez más secularizada, pero que sigue buscando, en el fondo, saciar su sed de amor, de esperanza y de plenitud. Todos estamos llamados a responder a estos desafíos, presentando siempre a Jesús vivo, con nuestras palabras, nuestras obras y nuestro testimonio.







