Queridos hermanos:
Desde hace ya 60 años celebramos la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la fiesta de la Ascensión del Señor, cuando Jesús, antes de subir al cielo, envió a sus apóstoles a comunicar, a compartir con el mundo entero todo lo que habían visto y oído para que llegue a todos el tesoro del evangelio y el anuncio de la salvación.
En esta ocasión el lema elegido por el Papa León XIV es: Custodiar voces y rostros. Todos tenemos experiencia de que se entiende mejor a una persona cuando la tenemos delante y la miramos a la cara, cuando vemos sus expresiones, sus gestos, sus muecas, su postura… que pueden hacer que las palabras tengan incluso sentido contrario al tenor de su literalidad. La cara y los tonos de la voz también hablan, porque dejan traslucir el interior de un alma, de una persona. El rostro y la voz nos identifican y nos hacen reconocibles para los demás. De tal manera que taparse el rostro o distorsionar la voz es la forma de preservar el anonimato. Por eso, en nuestros encuentros personales sinceros y auténticos no podemos prescindir de ver la cara y escuchar la voz del otro, que da credibilidad y autenticidad a nuestra relación.
Pues bien, la Inteligencia Artificial –alerta el Papa– es capaz de clonar nuestro rostro y nuestra voz y, por tanto, de suplantar nuestra identidad por imitación y establecer relaciones, ya no solo virtuales –es decir no presenciales–, sino también irreales –es decir, falsas–. ¿Cómo distinguir la realidad de la imitación? Todo esto lógicamente afecta a la comunicación, no solo interpersonal, también a la comunicación social. ¿Cómo distinguir la verdad de la falsedad? Es una cuestión muy seria que está afectando a nuestro día a día y poniendo en cuestión la credibilidad a todos los niveles, generando una sociedad de la sospecha y la desconfianza.
El Papa León XIV en la primera reunión que tuvo con los cardenales el día 10 de mayo de 2025 –ya hace un año– explicaba la elección de su nombre con estas palabras: “Pensé tomar el nombre de León XIV. Había varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia… [tiene que] responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
Ante la revolución industrial de finales del siglo XIX, León XIII afrontó las consecuencias éticas y antropológicas de la mecanización del trabajo con el riesgo de considerar al ser humano como una máquina más dentro del proceso de producción. La Rerum novarum, frente al capitalismo desmedido, defendió la dignidad de la persona y sus derechos. Ahora la inteligencia artificial plantea un reto más complejo: no ya considerar al ser humano una máquina, sino suplantar a las personas con las máquinas. Lo que hace pocos años nos podía parecer ciencia ficción hoy es ya una realidad. Las máquinas “tontas” (mecánicas y monótonas de las fábricas) de la primera revolución industrial, hoy son máquinas “listas” que aprenden, procesan, elaboran y deciden de forma autónoma. Estas máquinas están presentes no solo en los procesos de producción, sino que forman parte cotidiana de la vida humana. Influyen en la comprensión de la realidad y en la organización de la sociedad. La Inteligencia Artificial está transformando el modo en que trabajamos, el modo en que nos
relacionamos, aprendemos, nos informamos, participamos de la vida pública… Es uno de los signos de nuestros tiempos al que tenemos que estar atentos como Iglesia, como cristianos para comprender sus implicaciones en la dignidad de la persona humana y su libertad, en la justicia social, y también por supuesto- en el anuncio del evangelio.
Desde el principio de su pontificado, el Papa León XIV ha hecho suya esta preocupación, reconociendo con espíritu crítico tanto las oportunidades como los riesgos, sus potencialidades y desafíos para la libertad, la intimidad, la información, la distinción entre lo real y lo falso y, por ende, entre lo bueno y lo malo. El progreso tecnológico forma parte de la colaboración humana en la creación para la preservación de la vida y de la dignidad de la persona, y para el cuidado de nuestra casa común.
En el mundo de las Comunicaciones Sociales la labor de las máquinas, de los adelantos técnicos y de la IA es una ayuda impresionante, pero que nunca podrá sustituir la intuición y la capacidad de decisión de las personas, ni las relaciones y el trabajo de campo y el contacto directo con la realidad.
Termino con palabras del papa León XIV al respecto: «Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre».
Con mi bendición.







