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Día de los abuelos: feliz el que no ve desvanecerse su esperanza

Cada 26 de julio, la Iglesia celebra la memoria de san Joaquín y santa Ana, los padres de la Virgen María y abuelos del Señor. En ellos encontramos no sólo un ejemplo de santidad familiar, sino también una profunda enseñanza espiritual sobre la fecundidad que brota de la fidelidad, del silencio y de la transmisión de la fe de generación en generación. Por eso, en esta fecha celebramos también el Día de los Abuelos, en el que se nos invita a mirar con ternura y admiración a esos hombres y mujeres que nos han precedido en la vida, en la fe y en el amor. En ellos encontramos no sólo un pasado que recordar, sino un presente que acoge y un futuro que acompaña.

  1. Los abuelos, verdaderos custodios de esperanza. Este año, esta fiesta adquiere un significado aún más profundo, pues la celebramos en el marco de dos grandes acontecimientos que marcan la vida de nuestra archidiócesis: por un lado, estamos inmersos en el Año Jubilar de la Esperanza, convocado para renovar en todos nosotros la certeza de que Dios no abandona a su pueblo; y, por otro, nos encontramos caminando juntos en el Sínodo Diocesano, en actitud de escucha, discernimiento y conversión pastoral. En este contexto, los abuelos son verdaderamente custodios de la esperanza, portadores de una fe tejida con paciencia, alimentada en la oración y transmitida con sabiduría. ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido a hacer la señal de la cruz, a rezar el rosario o a bendecir la mesa gracias a nuestros abuelos? ¿Cuántos han recibido de ellos el primer testimonio de amor fiel, de trabajo honrado, de oración silenciosa?

Queridos abuelos y personas mayores: sois un tesoro viviente de la Iglesia. El papa Francisco os ha llamado con profundo cariño «la sonrisa de Dios en el mundo». Hoy queremos daros gracias de corazón, no solo por lo que habéis hecho, sino por lo que sois: rostros visibles de la ternura de Dios, raíces firmes que nutren a toda la familia, faros encendidos en medio de la niebla de nuestros tiempos.
En esta sociedad tan marcada por la prisa, el ruido y el olvido de los débiles, vosotros sois testigos de una esperanza que no defrauda, como la de San Joaquín y Santa Ana, que confiaron en el Señor incluso cuando todo parecía estéril. Vosotros sabéis –mejor que nadie– que la esperanza cristiana no se apoya en ilusiones, sino en la promesa fiel de Dios, que actúa en lo escondido y florece en el tiempo oportuno.

  1. Los abuelos nos enseñan con sus vidas. Invito especialmente a las familias, a los jóvenes y a los niños a acercarse a sus abuelos, a escuchar sus historias, a compartir con ellos el tiempo y la vida, porque en ese encuentro intergeneracional florece la fe y crece la comunidad. Además, en este camino sinodal que estamos viviendo como Iglesia diocesana, el papel de los mayores no es secundario. Ellos también son parte activa del Pueblo de Dios, y tienen mucho que ofrecer: su experiencia, su visión pausada, su oración constante y su fidelidad al Evangelio. Como pastor de esta Iglesia toledana, os animo, queridos abuelos, a no dejar de anunciar el Evangelio con vuestras palabras, pero sobre todo con vuestra vida. No os sintáis nunca «retirados» de la misión de la Iglesia: la esperanza se sostiene también con las manos calladas que rezan, con las palabras sabias que corrigen, con los gestos de ternura que sanan. Formar parte a través de la parroquia de Vida Ascendente o de las residencias de mayores diocesanas de los grupos sinodales en nuestra Archidiócesis de Toledo, para caminar juntos con Cristo.
  2. Los abuelos, el tesoro de la familia eclesial. Encomendamos este día a la intercesión de San Joaquín y Santa Ana. Que ellos sigan protegiendo a nuestras familias, fortaleciendo la fe de nuestros mayores, y suscitando en nosotros el deseo de custodiar y transmitir el tesoro de la esperanza cristiana. Y que María Santísima, hija de Joaquín y Ana, nos acompañe como madre de la esperanza, mientras avanzamos juntos como Iglesia sinodal y jubilar hacia la plenitud del Reino. Cuento con todos nuestros abuelos para que verdaderamente la parroquia, nuestros pueblos, nuestra sociedad sea una auténtica familia, para caminar juntos, para dar respuesta a los retos que nos tocan vivir. Os bendigo de todo corazón.
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