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Día del Refugiado: Seamos comunidades acogedoras y misioneras

Queridos hermanos:

El 20 de junio es el Día Mundial del Refugiado, que pretende visibilizar y ayudar a millones de personas que se ven forzadas a abandonar sus hogares dejando todo atrás para salvar la vida y buscar un futuro en dignidad fuera de la tierra que los vio nacer.

No están lejos de nosotros. La Memoria de Cáritas 2023, que presentamos a los medios de comunicación el pasado 7 de junio, destacaba que la necesidad que más está aumentando en nuestra diócesis es la atención a inmigrantes. Por primera vez, las personas extranjeras han superado al número de españoles que acuden a nuestras Cáritas, aun siendo la tasa de inmigración en Extremadura de las más bajas de España. Hay entre nosotros más migrantes que carecen de documentación, de “papeles”, lo cual les impide acceder a los derechos y servicios de los que todos gozamos como la sanidad, la educación, las previsiones sociales…

Han sido numerosas y significativas las entidades de Iglesia que apoyaron el pasado mes de abril la Iniciativa Legislativa Popular para la regularización extraordinaria de personas extranjeras. Además de muchos particulares, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Cáritas, el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española y la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES) se han unido en un comunicado conjunto dirigido a los grupos políticos del Parlamento.

En todo caso, los cristianos no nos podemos limitar solo a ‘socorrer’ las emergencias materiales, sino que estamos llamados a acoger en nuestras comunidades a las personas que llegan de lejos. No es extraño que la Delegación Episcopal de Migraciones esté cobrando cada vez más relevancia dentro de la pastoral diocesana para que nuestras parroquias estén abiertas a la renovación y riqueza que supone la llegada de hermanos de otras tierras.

La Conferencia Episcopal aprobó el pasado mes de marzo una exhortación pastoral que lleva por título “Comunidades acogedoras y misioneras” que constituye una llamada de atención sobre la emergencia migratoria que afecta crecientemente a nuestro país. “La integración, que no asimilación, de las personas migradas en la Iglesia es uno de los signos de los tiempos eclesiales más claros”.

Aunque no lo decimos expresamente en el credo, ciertamente forma parte del evangelio y de la fe cristiana reconocernos prójimos de quien nos necesita.

Ser prójimo es hacerse cargo del otro, ponerse en su lugar, como el buen samaritano. Y el Día del Refugiado nos invita a ponernos en la piel de que quienes se ven obligados a salir de su patria por la guerra, la violencia, las persecuciones sociales y políticas, la trata, los desastres ambientales…

Los refugiados de nuestros días nos recuerdan a aquellos primeros discípulos de Jesús que, forzados por la persecución que sufrían por parte del judaísmo, huyeron a los países de alrededor llevando consigo el evangelio. Dejaron patria, casas, tierras… y siguiendo las indicaciones del Señor iban llamando a las puertas de las casas pidiendo hospitalidad. Los mensajeros del evangelio se presentaban como migrantes pidiendo asilo. Esperemos que, en nuestros días, nadie se tenga que sacudir el polvo de las sandalias como testimonio contra nosotros y decirnos: “De todas formas, sabed que el Reino de Dios es imparable” (cf. Lc 10,11). La sola presencia de refugiados entre nosotros es una llamada a la construcción del Reino: “Fui forastero y me acogisteis”.

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