Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

«Dios nos lo ha revelado por obra del Espíritu» (1 Co 2,10)

La fe nos sostiene en las múltiples circunstancias de la vida, es el gran don que Dios nos ha hecho. La fe no es una confianza ciega en algo inalcanzable, la fe de los cristianos se fundamenta en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, venido al mundo para compartir nuestra humanidad y abrirnos las puertas del Reino de Dios.

La fe es a menudo puesta a prueba por las mismas circunstancias de la vida, una vida que Cristo compartió, y es en estos momentos de dificultad cuando todo parece tambalearse a nuestro alrededor y la confianza se hace difícil de vivir, cuando la fortaleza de la fe nos ayuda a afrontar los retos. Desgraciadamente, nuestra vida no está exenta de dolor, lo vemos cada día a nuestro alrededor y hacemos experiencia personal con frecuencia. Encontrar un refugio, encontrar un consuelo lo podemos hacer en los demás, en los más cercanos, en los que nos aman, pero en última instancia, desde la fe necesitamos buscar la presencia, el abrazo de Dios que nos ama en todos los momentos de nuestra vida.

A nuestro alrededor vivimos cada día caminos del calvario individual que, conocemos o no, deben despertar nuestra solidaridad expresada en la oración y en la acción. La pastoral del enfermo es y debe ser una parte constitutiva y fundamental de la acción de la Iglesia, junto con la acción social dirigida hacia quienes más la necesitan. Hay lugares donde esta solidaridad, que vivimos desde la fe, se vive de una manera más desgarradora, como en el santuario de la Virgen de Lourdes, cuya festividad acabamos de celebrar.

María se convierte, cuando las circunstancias son difíciles, la gran intercesora ante Jesucristo, su hijo y nuestro Señor. María nos mira siempre con ojos de madre, con esa mirada con la que miró en todo momento a Jesús. «La maternidad de María nos hace llegar el amor de Dios; por un lado, por su carácter de intercesión, puesto que la intercesión materna es expresión de esta «protección maternal» que permite reconocer en Cristo al único Mediador entre Dios y los hombres. Por otra parte, su presencia materna en nuestras vidas no excluye diversas acciones de María motivando la apertura de nuestros corazones a la acción de Cristo en el Espíritu Santo. Así nos ayuda, de diversas formas, a disponernos en la vida de la gracia que solo el Señor puede infundir en nosotros.» ( Mater Populi fidelis , 46).

En este camino cuaresmal que estamos a punto de iniciar, habiendo celebrado la memoria de la Virgen de Lourdes, ponemos de nuevo nuestra atención en María, Nuestra Señora y nuestra madre. Ella «que con su sí contribuyó a dar a la Fuente de toda misericordia y benevolencia un rostro humano: el rostro de Jesús.» (León XIV 1 de enero de 2026).

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now